Gaza cortada en franjas: el nuevo 'corredor Morag' y la estrategia de presión total de Israel
Análisis: Cómo el plan militar de Israel para dividir Gaza intensifica el conflicto con Hamas y agrava la crisis humanitaria
Por: Redacción
Israel afianza el "corredor Morag": Una nueva fase en la guerra
La guerra entre Israel y Hamas ha entrado en una etapa aún más crítica tras el reciente anuncio del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sobre el establecimiento del corredor Morag, una franja de seguridad que recorrerá el sur de Gaza de este a oeste. Esta nueva medida busca cortar completamente la ciudad de Rafah —último bastión relativamente libre de incursiones terrestres— del resto del enclave palestino.
El corredor, supuestamente inspirado en el viejo corredor Filadelfia (que recorre la frontera sur de Gaza junto a Egipto), ha sido ya ocupado por tropas de la 36ª División del Ejército israelí, en lo que representa un movimiento estratégico para cercar y presionar a Hamas.
Una estrategia de fragmentación territorial
Desde el inicio de su ofensiva en octubre de 2023, Israel ha desplegado una clara táctica militar: el aislamiento por sectores. A finales del año pasado, ya había logrado el control del corredor Netzarim, aislando a Gaza Norte de las zonas más al sur. Ahora, con el corredor Morag, se busca encapsular a Hamas en zonas cerradas donde la presión militar sería máxima y sostenida.
Netanyahu lo expresó con claridad: "Estamos cortando la franja, e incrementando la presión paso a paso, para que nos devuelvan a nuestros rehenes." Este lenguaje bélico deja poco espacio para interpretación diplomática.
Una catástrofe humanitaria en expansión
Mientras tanto, el precio de esta estrategia lo paga principalmente la población civil. Gaza ha perdido su unidad geográfica y política, y su población —más de 2 millones de personas— enfrenta no solo los bombardeos diarios, sino también una total escasez de alimentos, agua, electricidad y medicamentos.
La ONG Human Rights Watch ha calificado el uso de la hambruna como arma de guerra como un crimen, citando que Israel bloqueó por completo la entrada de ayuda humanitaria el mes pasado.
Según el Ministerio de Salud de Gaza, más de 50,000 palestinos han muerto, y la gran mayoría son mujeres y niños. Israel, sin embargo, afirma haber matado a 20,000 combatientes de Hamas, aunque no ha presentado pruebas sólidas que respalden estas cifras.
Rehenes, presión internacional y un Netanyahu cada vez más aislado
Israel inició su ofensiva como respuesta al ataque del 7 de octubre de 2023, en el que murieron alrededor de 1,200 israelíes y más de 250 fueron tomados como rehenes por Hamas. A día de hoy, se estima que aún quedan 59 rehenes en Gaza, mientras que solo 24 de ellos están presumiblemente vivos.
La presión pública dentro de Israel se ha vuelto alarmante. Familias de los secuestrados protagonizan manifestaciones semanales en Tel Aviv, lanzando duras acusaciones contra Netanyahu. “Netanyahu está trabajando más duro para asegurarse de que nuestros rehenes mueran antes que para salvar sus vidas,” declaró Efrat Machikawa, sobrina de uno de los secuestrados.
La postura de Hamas: sin rendición, sin retirada
Por su parte, Hamas ha reiterado que solo liberará a los rehenes restantes a cambio de la liberación de prisioneros palestinos, un alto el fuego permanente y la retirada completa de Israel del enclave. La agrupación islamista ha rechazado de forma categórica los términos israelíes para una tregua.
En sus declaraciones más recientes, líderes de Hamas señalaron que no desarmarán ni abandonarán Gaza, y que lucharán hasta la “liberación total de Palestina”.
Netanyahu frente a la comunidad internacional
En paralelo al conflicto militar, las tensiones diplomáticas también aumentan. Estados Unidos, que ha mantenido una posición ambigua actuando como mediador pero también apoyando a Israel, ha vuelto a jugar un rol central. Netanyahu tiene prevista una nueva reunión con el presidente Donald Trump esta semana en Washington.
Durante su primer encuentro en enero, Trump propuso reubicar de forma permanente a los desplazados gazatíes fuera del enclave y que EE. UU. se hiciera “cargo” de la reconstrucción de Gaza. Esta propuesta fue rechazada de forma contundente por el mundo árabe, autoridades palestinas y organizaciones de derechos humanos, calificándola como una forma moderna de limpieza étnica.
Una franja dividida, pulverizada y sin futuro claro
Actualmente, la franja de Gaza se encuentra cortada en varias secciones. Como piezas de un rompecabezas separado por corredores militares, Gaza ya no es un cuerpo político ni administrativo coherente.
Los corredores Morag, Netzarim y Filadelfia no solo representan una táctica militar, sino una declaración geopolítica: la estructura misma de Gaza como entidad política es destruida paso a paso.
El Ministro de Defensa israelí ha declarado que Israel se establecerá de manera indefinida en zonas de seguridad estratégicas del enclave. Esto plantea un escenario en el que Gaza quede convertida en una colección de enclaves fragmentados bajo control militar extranjero, sin posibilidad real de autodeterminación.
La respuesta internacional: entre la retórica y la parálisis
A pesar del creciente número de víctimas y desplazados, la comunidad internacional parece paralizada. La ONU ha emitido decenas de resoluciones condenando los “excesos” israelíes, pero no ha tomado medidas efectivas ni ha forzado una mesa de negociación vinculante.
Qatar, Egipto y Estados Unidos han liderado las negociaciones de tregua, pero poco se ha avanzado desde enero. En vez de apaciguarse, la guerra se ha reactivado con una nueva violencia sin precedentes.
Un futuro incierto para Gaza y Palestina
Gaza es hoy un campo de batalla permanente. Más del 70% de su infraestructura ha sido destruida, según cifras del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD). La reconstrucción, si alguna vez se plantea, requerirá más de 20 años y miles de millones de dólares.
Pero más allá de las cifras, lo que está en juego es el alma misma del pueblo palestino. ¿Qué quedará de Gaza cuando se apague el último disparo? ¿Podrán rehacer su vida millones de personas desplazadas múltiples veces en su propio país?
Por ahora, la respuesta parece ser: ni paz, ni territorios, ni futuro seguro.
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