El terremoto de Myanmar y la gran ausencia estadounidense: ¿colapso humanitario o estrategia política?

Mientras el mundo corre a ayudar tras el sismo de 7.7 en Myanmar, la notable inacción de EE. UU. abre interrogantes sobre su papel global, sus prioridades políticas y el futuro de la ayuda internacional.

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Por: Redacción Mundo

Una tragedia que sacudió más que la tierra

El 28 de marzo de 2025, un devastador terremoto de magnitud 7.7 sacudió Myanmar, dejando más de 3,000 muertos y decenas de miles de personas heridas o sin hogar. El sismo golpeó especialmente a las regiones centrales del país, incluyendo las ciudades de Naypyitaw y Mandalay, donde se derrumbaron hospitales, escuelas y edificios históricos.

En medio del caos, más de 15 países —entre ellos China, Rusia, India, Vietnam y el Reino Unido— enviaron rápidamente equipos de rescate, ayuda humanitaria y hospitales móviles. Cámaras internacionales documentaron cómo equipos vietnamitas marchaban en formación al llegar, mientras rescatistas chinos salvaban vidas en dramáticas escenas debajo de los escombros.

Pero entre la respuesta internacional, brilló por su ausencia un viejo protagonista habitual de estos escenarios: Estados Unidos.

¿Dónde está la USAID?

Históricamente, EE. UU., a través de su agencia USAID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional), ha sido uno de los primeros países en responder a catástrofes naturales con recursos, personal especializado y equipamiento de rescate. Tras el ciclón Nargis en 2008 y las tormentas de 2023, la ayuda estadounidense fue crucial para salvar vidas en Myanmar.

Sin embargo, esta vez, su respuesta fue limitada a una pequeña delegación de tres analistas no especializados enviados desde Bangkok, quienes a su vez habían sido notificados de sus despidos por el gobierno de Trump apenas horas después del terremoto.

El contraste fue evidente: Estados Unidos ofreció una ayuda inicial de 2 millones de dólares, seguido por una promesa de otros 7 millones. En comparación, Reino Unido se comprometió con 13 millones más 5 millones adicionales si se recaudaban donaciones privadas, y otros países desplegaron personal y recursos físicos.

Las consecuencias de una política de repliegue

Lo que ocurrió en Myanmar es un microcosmos de un cambio más profundo en la política exterior estadounidense. Bajo la administración de Donald Trump, especialmente en su segundo mandato, la política de “America First” ha resultado en el desmantelamiento sistemático de USAID. El Departamento de Eficiencia Gubernamental, a cargo de Elon Musk, ha congelado fondos, rescindido contratos e iniciado despidos masivos en todo el mundo.

Según Lia Lindsey, asesora senior de Oxfam, “vemos en tiempo real el impacto humano de estas políticas: aumento del sufrimiento e incremento en muertes que pudieron evitarse”.

La cancelación de pagos a ONGs por trabajo previamente realizado ha sumido en crisis a muchas organizaciones. Algunas pequeñas han cerrado; otras operan con fondos de emergencia, que deberían estar disponibles para otras catástrofes imprevisibles.

¿Un vacío geopolítico que aprovecha China?

Más allá de las consecuencias inmediatas para las víctimas del sismo, el repliegue estadounidense también afecta la geopolítica regional y global.

Mientras la bandera de las barras y estrellas brillaba por su ausencia en Naypyitaw, los medios transmitieron en vivo la llegada de equipos chinos que rescataron a más de nueve personas, incluyendo un bebé recién nacido y un anciano aplastado entre los muros de un hospital.

“Me dolió el corazón ver en televisión a un equipo chino siendo celebrado por salvar vidas, cuando tradicionalmente es la USAID la que lidera estas respuestas”, dijo el senador demócrata Chris Coons.

Esta percepción se refleja también en el testimonio de Sarah Charles, exdirectora de asuntos humanitarios en USAID bajo la administración Biden, quien afirmó que “normalmente, hubiéramos tenido entre 20 y 25 trabajadores especializados en las primeras 24 horas, llegando hasta 200 si se desplegaran los equipos de California y Virginia”.

El colapso operativo de USAID

Los equipos especializados de búsqueda y rescate de EE. UU. son considerados de los más efectivos del mundo. Operativos de California y Virginia están equipados con maquinaria especializada, unidades autónomas de asistencia médica, generadores de energía, expertos en estructuras colapsadas y perros entrenados.

Si bien estos equipos mantienen sus contratos bajo la presión de legisladores estatales, los contratos para su transporte aéreo fueron parte de los miles cancelados, lo que impide su despliegue rápido. Literalmente, están listos para actuar, pero no tienen cómo llegar.

Una visión política desde el poder

Ante las críticas, el secretario de Estado Marco Rubio —quien representa el rostro diplomático de EE. UU.— se mantuvo firme: “Hacemos lo máximo que podemos, pero también tenemos otras necesidades que equilibrar. No estamos abandonando el mundo”. Señaló, además, que otros países ricos deberían “hacer su parte”.

Rubio también sugirió que la inquietud por la paralización de USAID proviene de ONGs que, según él, “han lucrado con la ayuda de EE. UU.”.

Estas declaraciones han sido duramente criticadas por legisladores demócratas y organizaciones internacionales. Un grupo de senadores envió una carta pidiendo una aceleración urgente de la asistencia a Myanmar, no solo por razones humanitarias, sino también por consecuencias en la legitimidad e influencia de EE. UU. en el orden mundial.

Un cambio de paradigma que redefine su liderazgo global

El repliegue de EE. UU. parece responder a una reinterpretación del papel del país en el mundo. Atrás quedó la doctrina que sostenía que el poder estadounidense radicaba no solo en su músculo militar, sino también en su “poder blando”: cooperación, asistencia y diplomacia.

El modelo actual prioriza lo inmediato, lo transaccional, lo estratégico. Pero este paradigma presenta desafíos éticos y de seguridad. ¿Qué mensaje envía al mundo? ¿Qué queda cuando las crisis mundiales ya no tienen en Estados Unidos su aliado confiable? ¿Cuál es el costo humano de la eficiencia presupuestaria?

Entretanto, y a miles de kilómetros de distancia, una madre en Myanmar llora sobre los escombros que enterraron a su hija. Mira al cielo, esperando ayuda. Pero esta vez, el ángel de la guarda con insignias estadounidenses nunca llegó.

Una oportunidad para la diplomacia multilateral

Algunos expertos consideran que esta nueva postura de EE. UU. abre espacio para que otros actores internacionales ganen protagonismo. La diplomacia humanitaria impulsada por China, India o incluso Rusia, puede tener efectos colaterales sobre tratados, comercio y alianzas políticas en Asia y África durante las próximas décadas.

Myanmar, bajo una junta militar y sumido en una guerra civil, es probablemente el peor escenario imaginable para ensayar pasividad diplomática. Es también un caso que demuestra cómo las catástrofes naturales son oportunidades geopolíticas tanto como tragedias humanas.

Cuando una nación potente da un paso atrás, otra avanza.

No es (solo) una cuestión de dinero

El problema no radica únicamente en reducir presupuestos o cerrar cuentas fiscales. Es una cuestión de prioridades morales y políticas. Mientras EE. UU. cancela pagos por más de 2,000 millones de dólares ya adeudados a contratistas y ONGs, esas mismas organizaciones enfrentan recortes, despidos y colapsos operativos que afectan a miles de personas vulnerables desde África hasta Asia.

En voz baja, algunos analistas advierten: este patrón repetido puede señalar el fin simbólico de la era de EE. UU. como potencia humanitaria global.

Tiempos inciertos, necesarias decisiones

Los próximos meses mostrarán si el Congreso de EE. UU. restablece el financiamiento humanitario y las capacidades logísticas del país. Mientras tanto, cientos de rescatistas extranjeros seguirán sacando escombros en Myanmar, sabiendo que, por ahora, la mayor potencia del mundo no está entre ellos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press