Trump revive la guerra comercial global con tarifas récord: ¿un camino al desastre económico?

Las nuevas tarifas impuestas por Trump podrían empujar al mundo hacia una recesión y modificar radicalmente el comercio global

Donald Trump ha hecho estallar las alarmas de la economía global con el inicio de su prometida guerra comercial, imponiendo tarifas históricas que amenazan con hundir el crecimiento económico mundial y tensar las relaciones con aliados clave.

Una política de choque: regreso al proteccionismo del siglo XIX

Las nuevas tarifas impuestas por la administración Trump elevan el arancel promedio efectivo de EE.UU. a un asombroso 22.5%, según el Budget Lab de la Universidad de Yale. Este índice no solo supera los niveles de las últimas décadas, sino que también representa la tasa más alta desde 1909, e incluso más alta que el infame Smoot-Hawley Tariff Act de 1930, que agravó la Gran Depresión.

Trump ha declarado abiertamente su deseo de volver a financiar el gobierno a través de aranceles, minimizando la dependencia del impuesto sobre la renta. De hecho, en 2024, los aranceles representaron solo el 2% de los ingresos federales, en comparación con el 51% del impuesto a la renta y el 36% de los impuestos al Seguro Social y Medicare.

Los efectos inmediatos: golpe a los consumidores y a los mercados

La implementación de estas tarifas –que alcanzan hasta un 50% en algunos casos– impactará directamente el precio de productos cotidianos como ropa, automóviles y tecnología. El aumento promedio de precios se estima en un 2.3% para los consumidores estadounidenses, lo que podría significar un sobrecoste de $3,800 anuales por hogar.

La Bolsa de Wall Street reaccionó con pánico: el promedio industrial Dow Jones cayó 1,394 puntos, equivalente a más del 3%. El dólar estadounidense también se debilitó frente a otras monedas fuertes, una señal de incertidumbre respecto a la economía del país.

Una medida global, no discriminatoria y... ¿sin lógica?

Aunque Trump justificó estas medidas como “recíprocas”, varios países que históricamente han mantenido un superávit comercial con EE.UU., como el Reino Unido y Argentina, también están siendo afectados con tarifas base del 10%. Increíblemente, dos pequeñas regiones con relaciones comerciales mínimas con EE.UU. —Lesoto (50%) y Saint Pierre y Miquelón (territorio francés)— han sido objeto de algunas de las tarifas más altas.

El analista Scott Lincicome del Cato Institute calificó las tarifas como “arbitrarias”. “Podrían haber sacado los números de un sombrero”, dijo, refiriéndose al proceso opaco con el que se determinaron los porcentajes.

Aliados castigados: Europa y Asia pagan justos por pecadores

Desde Europa hasta Asia, los aliados estratégicos de EE.UU. han recibido el mismo trato que China o Rusia. Singapur, uno de los países más abiertos al libre comercio mundial, enfrenta aranceles del 10%, mientras que Taiwán, aliado geopolítico clave, recibe un arancel del 32% —casi igual que el 34% aplicado a China.

Estos movimientos contradicen la narrativa de retaliación selectiva y exponen una estrategia más centrada en imponer un proteccionismo masivo que en corregir injusticias comerciales puntuales.

Los más vulnerables, los más golpeados: castigo a los países pobres

Las naciones en desarrollo fueron objeto de tarifas desproporcionadas que podrían resultar devastadoras para sus economías. Lesoto, con un PIB per cápita de apenas $2,900, carga ahora con un arancel del 50%. Camboya, con $7,200 de PIB per cápita, enfrenta un arancel del 49%. La administración explica que estas tarifas buscan frenar rutas indirectas del comercio chino, aunque los efectos sobre las industrias textiles y de manufactura de estas naciones serán severos.

Impacto mundial: el efecto dominó de la guerra arancelaria

Economistas advierten que las medidas impuestas por Washington podrían tener consecuencias globales. Olu Sonola, de Fitch Ratings, afirmó: “Muchos países acabarán en recesión. Puedes tirar la mayoría de los pronósticos económicos a la basura si estas tarifas se mantienen durante un tiempo prolongado”.

Wendy Cutler, exnegociadora comercial de EE.UU., predijo una caída significativa del crecimiento económico global debido a la disminución del flujo comercial, los aumentos de precios y la postergación de inversiones. En EE.UU., Yale estima que el crecimiento, que fue del 2.8% en 2024, caerá un punto porcentual, a 1.9%.

El extraño caso de México y Canadá

En una curiosa excepción, Trump decidió suspender temporalmente las tarifas del 25% a Canadá y México —siempre que sus productos cumplan con el Tratado de Libre Comercio renegociado en su primer mandato (USMCA). Sin embargo, dejó claro que podría reimponer los aranceles si no cooperan en materia migratoria y antidrogas.

Los economistas de Capital Economics, Neil Shearing y Paul Ashworth, afirmaron: “Los ganadores obvios fueron Canadá y México”. Sin embargo, la amenaza continúa latente.

Una repetición predecible: Trump cumple sus promesas

Durante sus campañas electorales, Trump prometió una tarifa universal del 10% al 20% para todos los bienes importados. Las políticas actuales reflejan esa visión, con nuevas tarifas básicas del 10% y aranceles “recíprocos” que superan incluso el 70% cuando se combinan las sanciones antiguas y nuevas contra China.

Erica York, del Tax Foundation, resumió la situación: “Es extremo, pero está alineado con lo que prometió Trump”.

¿Volvemos al país de los aranceles?

La historia se repite. Antes de la ratificación de la Enmienda 16 de la Constitución en 1913, los aranceles eran la principal fuente de ingresos del gobierno federal. En ocasiones en el siglo XIX, estos representaron más del 90% del total.

Trump parece querer regresar a ese modelo. Sin embargo, el contexto mundial actual —con economías hiperconectadas, cadenas de suministro integradas y una digitalización creciente— hace que esa política resulte anacrónica e insostenible.

En vez de reciprocidad, unilateralismo impulsivo

Las medidas de Trump tienen un efecto inmediato: menor comercio, cadenas de suministro interrumpidas, inflación importada y debilitamiento de alianzas comerciales. En palabras del analista Lincicome: “Esto no tiene nada de recíproco”.

Peor aún, los aranceles no tienen una fecha de expiración ni están ligados a acuerdos multilaterales reales. La incertidumbre reina, y con ella, la parálisis económica.

Camino hacia la incertidumbre económica

Trump ha elegido un momento especialmente sensible para lanzar esta ofensiva comercial: justo cuando la recuperación económica mundial empieza a tomar ritmo post-pandemia. Escalar un conflicto arancelario de estas proporciones es arriesgado —y lo saben los mercados, los gobiernos y, cada vez más, los ciudadanos.

La pregunta no es si habrá impactos, sino cuándo y cuán profundos serán. Y si el mundo está preparado para revivir el proteccionismo del siglo XIX en plena era digital.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press