Seguridad en la cuerda floja: las alarmantes fallas de Shell en su flota petrolera offshore
Tras más de una década del derrame del Bonga, un informe confidencial y testimonios internos destapan serios problemas estructurales de seguridad en los buques petroleros de Shell alrededor del mundo
Por años, Shell ha presentado ante el mundo una imagen de innovación energética y compromiso ambiental. Sin embargo, una alarmante narrativa alternativa ha emergido tras la filtración de un informe interno que revela profundas fallas de seguridad en su flota de buques petroleros offshore —estructuras que operan en mar abierto extrayendo crudo y transfiriéndolo a navíos de carga.
El foco de atención recae especialmente sobre el Bonga, una de las plataformas tipo FPSO (unidad flotante de producción, almacenamiento y descarga) más grandes del mundo, que opera frente a la costa de Nigeria. El caso del Bonga no solo es un símbolo de la fragilidad operacional de Shell, sino también un llamado urgente a repensar las normas de seguridad de toda la industria petrolera offshore.
El desastre de 2011: el inicio de una pesadilla ambiental
En diciembre de 2011, el Bonga fue protagonista de un derrame de más de 40,000 barriles de petróleo en el Océano Atlántico. La causa: una fuga en las líneas de conexión entre el FPSO y un buque cisterna, un proceso rutinario que fracasó por completo y que dejó una mancha oleosa de más de 1,700 km², el doble del tamaño de la ciudad de Nueva York.
Las consecuencias fueron devastadoras. Las autoridades nigerianas impusieron a Shell una multa de 3.6 mil millones de dólares, aunque la empresa aún está apelando esa sanción. Mientras tanto, comunidades costeras, fuentes de sustento y la biodiversidad de la región sufrieron impactos que se siguen sintiendo hoy.
Informe confidencial de 2022: mismas fallas, más riesgos
Once años después del desastre, un informe confidencial obtenido recientemente presenta una imagen inquietante: las fallas estructurales detectadas en 2011 no han sido corregidas del todo. El documento, elaborado por el auditor senior de Shell, Zubair Ali Khan, evaluó sistemas críticos de la flota y calificó los sistemas de transferencia de petróleo del Bonga, los mismos que fallaron en 2011, como “de alto riesgo”.
Entre las fallas documentadas encontramos:
- Corrosión severa en conductos.
- Equipos contra incendios deficientes.
- Equipos de rescate en mal estado.
- Falta de piezas de repuesto disponibles en emergencias.
Además del Bonga, otros buques en la flota de Shell, como el Fluminense en Brasil y el Prelude en Australia, muestran problemáticas similares. En este último, una fuga de gas en 2021 provocó un incendio que dejó a siete empleados con síntomas por agotamiento por calor. De acuerdo con reguladores australianos, en 2023 todavía persistían los problemas de seguridad y se ordenaron mejoras obligatorias.
Denuncias ignoradas y cultura de silencio
Dos denunciantes clave han aportado testimonios demoledores. Uno de ellos es Irina Woodhead, ingeniera de seguridad despedida tras alertar sobre riesgos sistémicos en los procedimientos de emergencia del Prelude. Según Woodhead:
“Un solo error puede costar muchas vidas. Si no se mantiene ese equipo, es cuando vienen los incendios, es cuando ocurren las explosiones.”
Otra fuente de preocupación se origina en los resultados de las encuestas internas aplicadas al personal del Bonga. En 2012, 2014 y 2021, los empleados reportaron percepciones cada vez más negativas en nueve de diez categorías evaluadas, incluyendo mantenimiento, recursos técnicos y comunicación.
En 2014, el equipo operativo en Nigeria describió el estado del Bonga como “un barril de pólvora a punto de estallar”.
En total, 369 piezas claves de equipo de seguridad se encontraban en condiciones insatisfactorias en 2014. Para 2023, Shell afirma que el número se redujo a solo dos. No obstante, expertos como el investigador Tony Cox cuestionan que se sigan documentando problemas críticos en sistemas tan fundamentales.
La estrategia corporativa: negación y opacidad
En reacción al reportaje, Shell ha defendido que su cultura de seguridad ha mejorado. Aseguran que desde 2018 no ha habido accidentes graves en el Bonga y que los derrames se han reducido en un 90% desde 2020. Sin embargo, no han confirmado si han implementado todas las recomendaciones del informe de 2022.
Peor aún, documentos internos revelan que los compromisos de acción correctiva basados en porcentajes críticos de insatisfacción de los empleados (thresholds legales) fueron eliminados tras sugerencias del equipo legal en 2018. Esto implica que los mecanismos previos para forzar mejoras se diluyeron o desaparecieron.
Repercusiones globales: más allá de Nigeria
Esta situación no se limita al Bonga. El informe confidencial menciona fallas estructurales en:
- Fluminense (Brasil): corrosión severa en tanques.
- Sea Eagle (Nigeria): ingreso de agua de mar y necesidad de reparaciones urgentes.
- Prelude (Australia): deficiencias en seguridad química y exposición a explosivos.
- Un buque sin nombre en EE. UU. (2016): dos operarios sufrieron quemaduras de moderadas a graves.
En varios de los casos anteriores, Shell afirma haber suspendido operaciones o iniciado mejoras. Pero fuentes internas indican que muchas de estas respuestas fueron reactivas, no preventivas.
La importancia de Shell en la industria offshore
Shell es uno de los principales operadores de infraestructura offshore del mundo. Sus plataformas FPSO son bloques fundamentales para la producción global de petróleo, especialmente en regiones como África Occidental, el Atlántico Sur y el Asia-Pacífico.
Estos buques no solo producen millones de barriles de petróleo, sino que también concentran a miles de trabajadores en entornos extremos y complejos, lo cual multiplica los riesgos cuando no existe una cultura de seguridad robusta y efectiva.
¿Qué podemos aprender de esta exposición?
Este caso refleja una peligrosa desconexión entre los estándares corporativos y la realidad operacional. Aunque Shell exhibe una narrativa de mejora continua, los documentos filtrados y los testimonios de trabajadores muestran una historia distinta: una empresa que ha privilegiado el control legal sobre la implementación real de medidas de seguridad.
En palabras de la analista de cultura organizacional Caroline Dennett, que trabajó más de una década con Shell antes de renunciar en 2022 por razones éticas:
“La plataforma estaba mal desde el primer día. El temor era cada vez más fuerte a medida que no se reemplazaba personal calificado, y los estándares seguían cayendo.”
¿Cuál es el siguiente paso?
La presión mediática y social sobre compañías como Shell debe mantenerse. Las autoridades reguladoras nacionales e internacionales también tienen un rol clave en auditar frecuentemente las estructuras offshore y tomar medidas punitivas cuando las negligencias ponen en peligro vidas humanas y ecosistemas enteros.
Cada derrame petrolero no es solo un accidente, es una catástrofe evitable cuando se ignoran advertencias. Y como han demostrado los documentos internos filtrados, las alertas estaban ahí desde hace más de una década.