Myanmar bajo la lupa: ¿legitimar dictaduras en nombre del multilateralismo?

La polémica participación del general Min Aung Hlaing en la cumbre BIMSTEC reabre el debate sobre la diplomacia regional y la legitimidad internacional

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El controvertido regreso del general Min Aung Hlaing al escenario internacional

Esta semana, Bangkok se convirtió en el epicentro del debate político del sudeste asiático. El general Min Aung Hlaing, líder de la junta militar que gobierna Myanmar desde el golpe de Estado de 2021, hizo una rara aparición internacional al llegar a Tailandia para participar en la cumbre de la BIMSTEC (Iniciativa de la Bahía de Bengala para la Cooperación Técnica y Económica Multisectorial), un foro regional que agrupa a siete países: Myanmar, Tailandia, Bangladesh, Bután, India, Nepal y Sri Lanka.

La presencia del general —aislado por Occidente y excluido recientemente de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN)— en este cónclave regional no pasó desapercibida. Organizaciones de derechos humanos, el gobierno en la sombra de Myanmar (NUG, por sus siglas en inglés) e incluso activistas tailandeses condenaron enérgicamente su invitación y participación.

Un país hundido en el caos: la situación crítica en Myanmar

La visita internacional del jefe de la junta militar ocurre en un momento extremadamente delicado para su país. Hace apenas una semana, un terremoto de magnitud 7,7 sacudió Myanmar, dejando tras de sí un panorama de devastación total. Según cifras oficiales del régimen militar, al menos 3.085 personas murieron, más de 4.700 resultaron heridas y al menos 300 continúan desaparecidas. Miles de edificios colapsaron, puentes fueron destruidos y carreteras quedaron inutilizadas.

Pese a la devastación, el país ya vivía una grave crisis humanitaria desde mucho antes. Según datos de Naciones Unidas, más de 3 millones de personas habían sido desplazadas por el conflicto civil desde el golpe de 2021 y casi 20 millones necesitaban asistencia humanitaria antes del terremoto.

La situación es crítica. El conflicto, que enfrenta a la junta militar con una serie de milicias étnicas, grupos insurgentes y ciudadanos armados, ha sumido al país en un caos político, económico y humanitario del que no se vislumbra una salida cercana.

El dilema de la diplomacia: ¿diálogo o complicidad con la dictadura?

Para muchos observadores internacionales, la cumbre BIMSTEC plantea una pregunta fundamental: ¿Puede un foro regional priorizar la cooperación técnica y económica sin implicarse en la legitimación política de sus participantes?

El gobierno tailandés se defendió ante las críticas reafirmando que su papel como anfitrión del BIMSTEC le obliga a invitar a todos los líderes de los estados miembro. “No hacerlo sería ir en contra de la carta del organismo”, explicó Nikorndej Balankura, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores tailandés.

Sin embargo, varios grupos acusan a Tailandia y al foro BIMSTEC de ofrecer una plataforma de legitimidad a un régimen acusado de crímenes de lesa humanidad. La organización Justice for Myanmar emitió un comunicado en el que denuncia que este acto “legitima y envalentona a una junta militar a la que el pueblo de Myanmar ha resistido durante más de cuatro años”.

La exclusión en ASEAN vs. la apertura en BIMSTEC

Desde el golpe de Estado de febrero de 2021, la ASEAN ha excluido sistemáticamente a Min Aung Hlaing de sus encuentros de alto nivel. Esta decisión fue tomada ante la persistente represión contra opositores, periodistas y civiles, que ha incluido ejecuciones sumarias, torturas y bombardeos a regiones controladas por la oposición.

En contraste, la BIMSTEC aún no ha adoptado una postura firme sobre la crisis interna de uno de sus miembros fundadores. Este hecho genera serias dudas sobre la coherencia ética y estratégica entre los organismos regionales del sudeste asiático.

Según The Irrawaddy, medio independiente birmano, al menos 4.000 civiles han sido asesinados por la junta desde el golpe. Amnistía Internacional y Human Rights Watch hablan de una militarización brutal del país con tácticas de castigo colectivo como incendios de aldeas, saqueo de recursos y uso de minas antipersonales.

¿Qué es el BIMSTEC y por qué importa?

El BIMSTEC nació en 1997 como una plataforma para fomentar la cooperación multidimensional en sectores como el comercio, la energía, la agricultura, la conectividad y la gestión de desastres. Reúne a siete países con costas en la Bahía de Bengala, hogar de más de 1.500 millones de personas y una de las regiones con mayor crecimiento económico del mundo.

Sin embargo, su influencia política ha sido limitada. A diferencia de la ASEAN o incluso la SAARC (Asociación del Asia del Sur para la Cooperación Regional), el BIMSTEC ha evitado históricamente sumergirse en asuntos de gobernanza o derechos humanos.

Esto ha sido útil para mantener una mínima estabilidad institucional, pero también ha convertido al BIMSTEC en un espacio donde incluso gobiernos autoritarios pueden participar sin ser cuestionados. En este sentido, permitir la presencia de Min Aung Hlaing revela una falla en los compromisos democráticos del foro.

Las voces en contra del régimen: el rol del Gobierno de Unidad Nacional (NUG)

El Gobierno de Unidad Nacional, conformado por parlamentarios electos en las elecciones de 2020 que fueron anuladas por la junta, emitió una declaración enérgica condenando la participación del general en la cumbre. Según el NUG:

“Instamos al BIMSTEC a que revoquen inmediatamente la participación de la junta militar en la cumbre y en las reuniones relacionadas, pues ella carece de legitimidad para representar al pueblo de Myanmar”.

El NUG, con apoyo diplomático creciente en Europa y América del Norte, aspira a ser reconocido oficialmente como el legítimo representante de Myanmar, algo que aún no ha sido adoptado por los países de la región.

¿Legitimidad regional vs. realidad internacional?

Pese a su aislamiento por parte de Occidente, la junta militar aún cuenta con el respaldo tácito o explícito de potencias como China, Rusia y Bielorrusia. La visita a Tailandia marca el primer viaje del general Min Aung Hlaing a un país que no pertenece a este grupo de aliados desde que asistió, en circunstancias similares, a una reunión en Indonesia en 2021.

Este tipo de gestos diplomáticos —como la invitación a una cumbre regional— permiten a la junta militar normalizar su imagen internacional y legitimar internamente su gobierno ante sus propias fuerzas armadas y aliados internos.

¿Por qué esto importa para la comunidad internacional?

El caso de Myanmar debería sonar como una advertencia para foros multilaterales, que al buscar mantener un equilibrio diplomático, podrían terminar premiando tácitamente el autoritarismo y la violencia estructural.

El especialista en geopolítica del sudeste asiático, David Steinberg, declaró en una entrevista con South China Morning Post:

“La diplomacia regional no puede sobrevivir únicamente de agendas técnicas. Hay momentos donde el silencio o la neutralidad institucional se convierten en actos de complicidad política.”

Queda claro que permitir la participación de regímenes como el de Myanmar no es una simple estrategia de realpolitik o pragmatismo regional. Es, en esencia, una postura política, y como tal, debe asumirse con plena responsabilidad por parte de todas las instituciones involucradas.

Mientras tanto, el pueblo birmano continúa esperando justicia y reconstrucción, no solo literal tras el terremoto, sino moral y democrática en su futuro inmediato.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press