México frente a las nuevas tarifas de Trump: entre la ventaja comercial y la incertidumbre global

El impacto de las políticas proteccionistas de EE.UU. sacude los mercados globales, pero México logra una posición estratégica gracias al T-MEC. ¿Podrá mantenerla?

Una sacudida económica mundial con efectos inmediatos

El reciente anuncio del expresidente estadounidense Donald Trump sobre la imposición de aranceles generalizados a importaciones extranjeras ha remecido los cimientos de la economía global. Mientras los mercados financieros de Estados Unidos veían cómo se esfumaban miles de millones de dólares en cuestión de horas, México respiraba, aunque con prudencia, al quedar exento —por ahora— de estas medidas.

El desplome bursátil en Wall Street fue severo: algunos analistas lo comparan con los días más oscuros de la crisis del COVID-19 en 2020. Sectores como las aerolíneas, la tecnología, el retail y la banca sufrieron pérdidas críticas. Empresas como Nike (-10.4%), Apple (-8%) y Amazon (-7%) vieron caer sus acciones ante el pánico de los inversionistas, quienes anticipan que los altos precios derivarán en menor consumo y, por ende, estancamiento económico.

México: una excepción estratégica con letra pequeña

Desde la Ciudad de México, la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que gracias al T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá), el país quedaba excluido de la nueva ola de aranceles. "No hay tarifas adicionales, ni siquiera para Canadá", celebró Sheinbaum, destacando que este blindaje era resultado del marco legal vigente desde la administración anterior.

Sin embargo, tanto Sheinbaum como el secretario de Economía Marcelo Ebrard fueron claros: quedar fuera de los aranceles no significa estar aislados de las consecuencias indirectas. La estrecha vinculación de las cadenas de producción —especialmente en el sector automotriz— implica que cualquier ajuste en EE.UU. afecta de inmediato a las fábricas y empleos mexicanos.

Cadena de suministros norteamericana: un dominó en movimiento

Uno de los casos más ilustrativos es el de Stellantis, fabricante de las marcas Dodge y Jeep, que anunció el cierre temporal de su planta en Toluca durante abril para evaluar los nuevos escenarios. Similares decisiones se aplicarán en plantas de Canadá y EE.UU., afectando a más de 900 trabajadores. Esta medida refleja de manera precisa cómo la incertidumbre y el proteccionismo disparan reacciones en cadena que no respetan fronteras, incluso si legalmente los aranceles no aplican.

Esto ha dado más fuerza al plan del gobierno mexicano bajo el nombre “Plan México”, diseñado para impulsar la capacidad productiva nacional con miras a reducir la dependencia de importaciones y fortalecer la soberanía industrial.

El Taruk y la movilidad del futuro mexicano

Como parte de este esfuerzo, la presidenta Sheinbaum mencionó el desarrollo de autobuses eléctricos bautizados como Taruk —que significa “corredor de montaña” en lengua indígena yaqui—; un proyecto conjunto entre universidades, empresas mexicanas como Megaflux y el histórico fabricante Dina.

Roberto Gottfried, director general de Megaflux, detalló que el 70% de los componentes del Taruk son de origen nacional, incluidos sus motores. Sin embargo, las baterías de litio aún provienen de China. “Nuestra meta es entregar 200 unidades este año”, señaló Gottfried, quien añadió que en un país donde uno de cada tres habitantes depende del transporte público, este tipo de desarrollos representan una oportunidad de oro.

Las prioridades ante el proteccionismo de Trump

Los efectos a corto y mediano plazo de la política arancelaria estadounidense ya están generando realineamientos estratégicos. Mientras Trump presenta su “Día de Liberación” como un intento por recuperar empleos manufactureros en EE.UU., países como México se preparan para aprovechar la reconfiguración global de la producción.

Sheinbaum ha instado a más empresas extranjeras —especialmente automotrices alemanas— a realizar los ajustes necesarios en su cadena de valor para calificar dentro del T-MEC. En algunos casos, esto implica pequeñas modificaciones, pero en otros puede requerir un cambio sustancial en el origen de los insumos.

De hecho, Ebrard ha insistido en que el nuevo enfoque es no solo producto de una coyuntura, sino una decisión estratégica para el fortalecimiento soberano de México frente a la volatilidad del comercio global.

¿Es México el nuevo oasis manufacturero?

El crecimiento del nearshoring —la deslocalización cercana de cadenas de producción— convierte a México en un destino clave para empresas globales que buscan salir de Asia pero mantenerse cerca de EE.UU. Grandes firmas ya han comenzado a establecer nuevas plantas en estados del norte y centro del país.

Según datos de la Secretaría de Economía, en el último año inversión extranjera relacionada con manufactura creció un 7.9%, y se espera que esta tendencia se acelere si las tensiones comerciales persisten. Además, el nuevo impulso tecnológico del país refuerza su competitividad: a la producción del Taruk se suman planes para ensamblar computadoras, electrodomésticos e incluso paneles solares nacionales.

Lecciones del pasado reciente

La historia no queda lejos. En 2018, Trump ya había impuesto aranceles al acero y aluminio (25% y 10% respectivamente), afectando profundamente la industria estadounidense y generando represalias globales. El actual movimiento, aún más amplio, tiene el potencial de generar una recesión global, como advierte Olu Sonola, jefe de investigación económica de Fitch Ratings:

“Esto cambia las reglas del juego, no solo para EE.UU. sino para la economía mundial. Muchos países probablemente terminarán en recesión.”

Con el consumo representando el 70% del producto interno bruto estadounidense, cualquier impacto que afecte directamente los precios al consumidor podría desencadenar una cadena de consecuencias económicas aún mayores.

Un horizonte complejo pero lleno de oportunidades

Aunque los desafíos son inmensos, México parece tener algo a su favor: una posición estratégica, un mercado interno amplio, acuerdos comerciales vigentes y una renovada visión productiva. El país ha aprendido que, en la era del proteccionismo y la reconfiguración geoeconómica, diversificar la economía y disminuir la dependencia es más una necesidad que un objetivo optativo.

El futuro inmediato dependerá de decisiones clave: acelerar la homologación de industrias nacionales para aprovechar el T-MEC, fomentar la innovación tecnológica y aumentar la producción local en sectores clave como el energético, tecnológico y agrícola. El proyecto del Taruk simboliza, más allá del producto, la dirección a seguir: una movilidad no solo eléctrica, sino también soberana.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press