Recortes en salud pública y derechos civiles: el realineamiento conservador que sacude a EE.UU.

Los despidos masivos en el Departamento de Salud y los intentos de eliminar fondos públicos a Planned Parenthood reflejan una reconfiguración profunda del sistema de salud estadounidense bajo la visión conservadora

Por Redacción

Una nueva era conservadora en salud pública

Estados Unidos se encuentra en medio de una transformación dramática en su sistema de salud pública y sus políticas de derechos civiles. En el centro de esta reconfiguración se encuentran dos ejes clave: la reducción masiva del personal del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) y una batalla legal ante la Corte Suprema sobre la financiación pública a Planned Parenthood. Ambos acontecimientos reflejan un mismo impulso: reinterpretar el rol del Estado en la sanidad y el alcance de los derechos individuales en ese marco.

Desmantelamiento parcial del HHS: ¿eficiencia o debilitamiento institucional?

El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., quien asumió la dirección del HHS durante el segundo mandato del expresidente Donald Trump, ha ejecutado un recorte de 10.000 empleos en agencias clave como la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos), CDC (Centros para el Control y Prevención de Enfermedades) y el NIH (Institutos Nacionales de Salud).

La administración argumenta que estos recortes tienen como meta “realinear al HHS con su misión de combatir enfermedades crónicas y mejorar la salud general del país”, según palabras del propio Kennedy. Se espera un ahorro de $1.800 millones, equivalente a solo una décima parte del 1% del presupuesto anual del departamento, que asciende a $1.7 billones (trillion en inglés).

Impacto en áreas claves: seguridad alimentaria, investigación médica y prevención

Los efectos colaterales de estos despidos preocupan fuertemente a expertos en salud pública, legisladores demócratas y también a algunos republicanos. Legisladores como Bernie Sanders (senador independiente por Vermont) y Bill Cassidy (republicano por Luisiana) exigen a Kennedy presentarse ante el Congreso para explicar la lógica detrás de los recortes.

La pregunta principal es: ¿cómo se puede esperar más investigación del NIH si se han eliminado más de 1.000 puestos en esa agencia? Además, el retraso o cancelación de subsidios de investigación sobre el cáncer y el Alzheimer podrían tener consecuencias irreversibles para los avances científicos.

Medicaid y Planned Parenthood: una confrontación de principios

Simultáneamente, la Corte Suprema analiza un caso clave relacionado con los fondos públicos que recibe Planned Parenthood a través de Medicaid, específicamente en Carolina del Sur, que busca prohibírselo por completo. Esta organización, que es el mayor proveedor de servicios de salud reproductiva del país, ofrece atención a más de 2.4 millones de personas al año, especialmente a mujeres de bajos ingresos.

Vale destacar que la ley federal ya prohíbe el uso de fondos de Medicaid para prácticas abortivas, salvo en excepciones muy limitadas, pero sí permite destinar esos fondos para otros servicios como exámenes de detección de cáncer, planificación familiar y pruebas diagnósticas.

¿Pueden los pacientes de bajos recursos elegir a su proveedor de salud?

El debate ante la Corte gira en torno a si los usuarios de Medicaid tienen derecho a demandar para elegir libremente a su proveedor de salud. La defensa de Carolina del Sur sostiene que los pacientes deberían presentar apelaciones administrativas, aunque eso implique pagar de su bolsillo servicios antes de que se les reembolse.

Sin embargo, la jueza Amy Coney Barrett cuestionó si este proceso sería viable para personas de bajos recursos, mientras que la jueza Elena Kagan remarcó: “Esto es como cambiar las reglas del juego en medio del partido”.

Planned Parenthood, por su lado, insiste en que el Congreso quiso que las personas pudieran ejercer decisiones profundamente personales sobre su atención médica.

Consecuencias prácticas: acceso a la atención y justicia

Si la Corte falla a favor del estado, no solo Carolina del Sur, sino muchos otros estados conservadores seguirían el mismo camino, eliminando a Planned Parenthood como prestador válido dentro del sistema Medicaid. Un cuarto de la población estadounidense está inscrita en Medicaid, y los pacientes en áreas rurales podrían quedar sin acceso viable a atención primaria, según advertencias de la American Cancer Society.

En Carolina del Sur, solo $90.000 de su presupuesto de Medicaid, minúsculo frente al total, se destinan a Planned Parenthood.

Política, ideología y salud: una intersección cada vez más evidente

Estas decisiones no se producen en un vacío. Tanto la reestructuración del HHS como la campaña contra Planned Parenthood forman parte de una visión sistémica más amplia que busca limitar el rol del gobierno en la salud pública mediante la reducción de regulaciones, gastos y presencia institucional, delegando mayores responsabilidades en sectores privados y comunitarios.

Además, estas medidas se insertan en una agenda conservadora que busca restringir los derechos reproductivos y aumentar el control sobre instituciones vinculadas directa o indirectamente con el aborto, aunque estas ofrezcan múltiples servicios vitales.

Reacción del personal médico y la comunidad científica

Miles de científicos y funcionarios despedidos han denunciado la falta de transparencia en los despidos. Muchos trabajadores no fueron notificados con precisión sobre las razones de su salida, generando incertidumbre en sectores clave como las inspecciones sanitarias, los ensayos clínicos, las vacunaciones masivas y las alertas epidemiológicas.

Incluso se ha observado la tensión en foros públicos, como cuando Calley Means, asesor cercano a Kennedy, intentó defender la reestructuración frente a expertos y periodistas, y fue abucheado al no poder indicar cómo esta política podría mejorar realmente la salud de los estadounidenses.

Implicaciones legales sobre seguridad nacional: abogados y militares en alerta

A medida que se consolidan estas reformas, el expresidente Trump también ha ordenado revisiones de las autorizaciones de seguridad para abogados en firmas legales, muchas de las cuales están compuestas por veteranos militares en servicio activo como reservistas, algo que pone entredicho su capacidad para desempeñar tareas sensibles.

La controversia gira en torno a si estas órdenes podrían violar la normativa sobre las autorizaciones de seguridad para quienes las necesitan en su rol militar. Firmas como WilmerHale y Perkins Coie han obtenido bloqueos judiciales temporales frente a estas medidas, pero los efectos prácticos siguen siendo inciertos.

Una transición turbulenta con consecuencias estructurales

Más allá de las justificaciones presupuestarias y de eficiencia que ofrece la administración, la reestructura del HHS y los esfuerzos por restringir la atención médica de organizaciones como Planned Parenthood representan un cambio de paradigma que afecta directamente a la salud de millones de ciudadanos, especialmente los más vulnerables.

La combinación de despidos masivos, cambios legales en Medicaid y cuestionamientos al acceso libre a médicos representa una profunda reconfiguración del pacto social en Estados Unidos. Un país en donde el acceso a la salud, ya desigual, podría volverse aún más exclusivo y politizado.

¿Hasta dónde llegará esta revolución conservadora en salud?

El futuro inmediato dependerá en gran parte de las decisiones de la Corte Suprema, las respuestas del Congreso y, más adelante, los resultados electorales. Pero lo que ya es evidente es que Estados Unidos atraviesa una reestructuración sanitaria con consecuencias estructurales, éticas y jurídicas que podrían transformar radicalmente la forma en que se entiende el derecho a la salud en el país.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press