Lobos grises mexicanos: ¿depredadores o víctimas del sistema?

El conflicto entre ganaderos, comunidades rurales y ambientalistas revive con fuerza en el suroeste de EE.UU.

Por décadas, el suroeste de Estados Unidos ha sido escenario de una batalla entre tradiciones rurales y esfuerzos de conservación ecológica. Hoy, los lobos grises mexicanos están nuevamente en el ojo del huracán.

La historia de un depredador mítico

El lobo gris mexicano (Canis lupus baileyi) es el más pequeño de las subespecies de lobos grises en Norteamérica. Años atrás, su población estuvo al borde de la extinción. En la década de 1970, se contabilizaban menos de una docena en libertad. Desde entonces, esfuerzos conjuntos de agencias federales, conservacionistas y algunos gobiernos estatales han logrado lo que muchos consideraban imposible: reintroducirlos a la naturaleza.

Actualmente, la última estimación oficial indica la existencia de al menos 286 ejemplares en los estados de Arizona y Nuevo México, lo que representa el noveno año consecutivo de crecimiento poblacional.

Catron: el epicentro de la controversia

En Catron, un condado rural de Nuevo México, los comisionados locales están considerando declarar un estado de emergencia debido a ataques a ganado y mascotas por parte de estos lobos.

"Esto es una amenaza inmediata para la salud y seguridad de individuos y propiedades", señalaron en un comunicado.

La resolución propuesta busca financiamiento para contratar más personal que investigue los reportes de daños y ayude a realizar maniobras de hazing, es decir, ahuyentar a los lobos de zonas habitadas mediante técnicas no letales.

Además, el condado solicita que la Guardia Nacional de Nuevo México asista a las fuerzas locales en estas tareas. La propuesta cuenta con respaldo de algunos votantes, quienes aseguran haber perdido reses, caballos e incluso mascotas domésticas debido a estos ataques.

Las cifras detrás del pánico

Sin embargo, las cifras oficiales presentan otra cara del asunto. De acuerdo con un informe del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE.UU., hubo 99 casos confirmados de ganado muerto en 2024 por lobos en todo el programa de recuperación. Aunque preocupante, la cifra ha venido disminuyendo en los últimos años.

En 2023, los manejadores de vida silvestre realizaron 290 intervenciones exitosas de hazing. Para poner estas cifras en perspectiva, se estima que hay más de 30,000 cabezas de ganado solo en Catron County. En proporción, los ataques son mínimos si se comparan con las pérdidas por sequías o enfermedades, argumentan los expertos.

Del suroeste a la costa oeste: estados en alerta

Catron no es el único lugar donde el conflicto ha escalado. En Oregón y California del Norte, los ganaderos también están lidiando con lobos más audaces.

En el condado de Lake, Oregon, se contrataron vigías nocturnos y se compraron visores nocturnos para proteger el ganado. Una resolución similar fue aprobada allí en febrero.

En California, Sierra y Modoc han declarado emergencias, y en Lassen se detectó un aumento de actividad lobuna. En todos estos casos, los oficiales de vida silvestre debieron intervenir. En uno de ellos, se permitió la eliminación de un lobo con collar GPS que había sido identificado como responsable.

Ambientalistas vs. ganaderos: posturas irreconciliables

Este debate ha enfrentado por décadas a ambientalistas y ganaderos. Los primeros argumentan que la presencia de lobos es esencial para restaurar el equilibrio natural, controlando poblaciones de herbívoros como venados y promoviendo ecosistemas más saludables.

Los ganaderos, en cambio, aseguran que los programas de compensaciones por animales muertos son inadecuados e ineficientes. Para muchos, el ataque de un lobo no sólo representa la pérdida de un animal, sino un golpe cultural y económico.

"No sólo matan lo que comen. A veces mutilan por instinto. Eso no lo cubre ningún cheque estatal", alegó Bill Kessler, ganadero de tercera generación en Nuevo México.

El raciocinio detrás del rewilding

El proceso de rewilding —la reintroducción de especies desaparecidas para restaurar ecosistemas— ha cobrado nuevo auge en las últimas décadas. En Estados Unidos, iniciativas similares incluyen el regreso de búfalos en las llanuras y de osos grizzly en zonas como el noroeste del país.

La Administración Biden y antes Obama vieron el rewilding como una forma de resarcir errores históricos, entre ellos la exterminación sistemática de especies durante el siglo XIX y XX.

El balance, según sus promotores, es positivo: se ha visto aumento de biodiversidad y reducción de especies invasoras y plagas. Pero los beneficios se ven a largo plazo y exigen alternativas económicas para quienes sufren consecuencias inmediatas.

¿Y los humanos?

Uno de los temores expresados por los residentes es la falta de temor de los lobos hacia los humanos. Aunque esta percepción es común, los datos señalan lo contrario.

"En ningún caso registrado se ha documentado un ataque de un lobo gris mexicano salvaje a una persona", recuerda Alejandra Gutiérrez, bióloga del University of Arizona Wildlife Program. "No son coyotes. Los lobos evitan al ser humano si no se sienten acorralados".

Esto no significa que no representen un riesgo, especialmente si hay crías cerca o sienten hambre. Es por eso que los programas de manejo promueven el hazing sistemático para evitar que se habitúen a los humanos y a buscar comida en zonas rurales.

Colorado y Montana: lecciones para el debate

En Colorado, el conflicto apunta a escalar políticamente. Un grupo de ciudadanos está recaudando firmas para llevar a consulta pública en 2026 si debe seguir permitiéndose la reintroducción de lobos.

Mientras tanto, también se han dado casos concretos de lobos cruzando desde Wyoming matando ovejas, lo que terminó con su eliminación por parte del gobierno federal.

En Montana, los legisladores debaten extender la temporada de caza de lobos. Idaho, por su lado, permite trampas con límites legales y normas estrictas.

Detrás del lobo: cultura, identidad y control del territorio

Más allá de biología o economía, el debate de los lobos es también una discusión sobre quién controla el uso del territorio. Para los ganaderos, la intromisión del gobierno federal representa una amenaza directa a su modo de vida. Quienes promueven los lobos, en cambio, buscan romper décadas de control humano absoluto sobre la naturaleza.

Catron County, en su propuesta, afirma que la cultura local ha sido "comprometida por el programa de reintroducción". En otras palabras, el regreso del lobo es visto como un símbolo de erosión de su soberanía local.

"No es sólo que se coma una vaca. Es que nos quita la oportunidad de decidir sobre nuestras tierras", expresó la comisionada Joan Hensley en la última reunión comunitaria al respecto.

¿Un futuro compartido?

Otros condados han apostado por modelos colaborativos. En Arizona, varias ONG trabajan con rancheros para instalar cercas especiales, sistemas de luces disuasorias o incluso perros pastores especiales entrenados para convivir con la fauna salvaje.

"Con recursos y voluntad política se puede lograr la coexistencia", afirma Mike Phillips, líder del equipo que reintrodujo lobos en Yellowstone. "Pero eso requiere educación, apoyo económico y sobre todo diálogo".

Hoy, el lobo gris mexicano camina cautelosamente por la línea entre la conservación ecológica y la existencia humana. Y en cada aullido que resuena entre los pinos del suroeste, laten preguntas más profundas sobre quién pertenece realmente a la tierra.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press