Huracanes letales y lecciones dolorosas: el poder destructivo de Helene, Milton y Beryl en 2024
Más de 300 muertos y 119 mil millones de dólares en pérdidas forzaron a retirar sus nombres. ¿Qué nos deja la temporada más brutal desde Katrina?
Los huracanes Helene, Milton y Beryl han dejado una marca imborrable en la historia reciente de fenómenos climáticos extremos. Tras su paso en el año 2024, estos tres monstruos meteorológicos causaron estragos mortales que obligaron a la Organización Meteorológica Mundial (OMM) a retirar sus nombres oficialmente del listado de ciclones atlánticos. Esta exigente medida no es simplemente burocrática: es una advertencia simbólica de los efectos reales del cambio climático y la necesidad urgente de adaptación y prevención.
¿Por qué se retiran nombres de huracanes?
La retirada de nombres de huracanes es una práctica habitual, aplicada cuando un ciclón ha sido tan mortal o destructivo que su repetición podría ser insensible o crear confusión futura. Esta tradición, iniciada tras la II Guerra Mundial, se mantiene como una forma de memoria colectiva y prevención emocional para las comunidades afectadas. Con la inclusión de Helene, Milton y Beryl, la lista de tormentas retiradas se acerca ya a los 100 nombres.
El devastador legado de Helene
Helene fue, sin duda, el huracán más mortífero y costoso del trío. Sus incesantes lluvias y catastróficas inundaciones cobraron al menos 249 vidas, registrándose como el evento climático más sangriento en Estados Unidos desde el legendario huracán Katrina en 2005. Según el Centro Nacional de Huracanes, Helene provocó 78.7 mil millones de dólares en daños materiales.
El huracán tocó tierra desde el Golfo, impactando la zona de Big Bend en Florida como un fenómeno categoría 4. No obstante, la mayor parte del desastre se materializó tierra adentro, principalmente en Carolina del Norte y Carolina del Sur, donde las infraestructuras colapsaron y las comunidades rurales quedaron aisladas por semanas.
"Fue como ver una ciudad ahogarse en cámara lenta. El agua simplemente no se detenía", declaró un residente del condado de Craven, Carolina del Norte.
Milton: el golpe que llegó detrás
Cuando aún no se habían contado los muertos de Helene, Milton irrumpió en escena. Aunque menos letal que su predecesor, sus impactos fueron igual de desastrosos en términos de pérdidas materiales. Con un costo estimado de 34.3 mil millones de dólares, Milton provocó inundaciones inesperadas, ráfagas de vientos que alcanzaron los 220 km/h y más de una docena de tornados, la mayoría en el estado de Florida, el más golpeado por esta tormenta.
El paso de Milton refuerza la noción de "tormentas en cadena", cada vez más comunes, en las que un huracán sigue a otro sin dar tiempo a la recuperación. Este patrón es un indicador alarmante del calentamiento del océano Atlántico, que actúa como combustible para la formación de ciclones cada vez más potentes.
Beryl: el debut anticipado del caos
El huracán Beryl sorprendió por su precocidad y ferocidad. Formado en junio de 2024, se convirtió en el huracán categoría 5 más temprano jamás registrado en el Atlántico, confirmando la tendencia de temporadas ciclónicas más extensas y agresivas.
Beryl causó 68 muertes y dejó una estela de destrucción en Estados Unidos, Granada, Venezuela, Jamaica, y San Vicente y las Granadinas. Su paso confirmó que ningún país caribeño está fuera del alcance de estas tormentas, y que la preparación debe ser regional y no individualista.
¿Estamos aprendiendo de estos desastres?
- Cambio climático: Existe un consenso casi unánime entre científicos de que el calentamiento global está intensificando los huracanes, alimentándolos con océanos más cálidos y atmósferas más húmedas.
- Desigualdad en el impacto: Las comunidades más vulnerables—rurales, empobrecidas o colonizadas—sufren más intensamente los efectos, desde viviendas destruidas hasta sistemas sanitarios colapsados.
- Infraestructura: Muchas de las ciudades afectadas carecen de sistemas de drenaje y defensas costeras adecuadas, lo que amplifica el daño de cada tormenta.
- Preparación y reacción: A pesar de avances en pronósticos meteorológicos, muchos gobiernos locales no cuentan con planes de evacuación ni campañas de educación climática robustas.
Una lección escrita en agua y escombros
La temporada 2024 debería ser un punto de inflexión. No podemos permitirnos olvidar Helene, Milton ni Beryl, no solo por la tragedia que dejaron a su paso, sino porque representan lo que será la nueva normalidad si no actuamos a tiempo. El retiro de sus nombres es un epitafio, pero también un llamado urgente.
Como dijo el climatólogo Michael Mann en una entrevista reciente: “No estamos afrontando un nuevo clima con viejos huracanes; estamos viendo cómo un nuevo tipo de huracanes define el clima del futuro.”
Adicionalmente, la OMM anunció que los nombres Brianna, Holly y Miguel reemplazarán oficialmente a Helene, Milton y Beryl en la lista rotativa de tormentas atlánticas de los próximos años. Estos nombres también cargan ahora una responsabilidad simbólica: recordarnos lo que puede pasar si simplemente esperamos a que pase la tormenta.
El caso de John en el Pacífico: ¿justicia simbólica?
Además de los nombres retirados en el Atlántico, la región del Pacífico también registra víctimas. El huracán John, de categoría 3, causó la muerte de 29 personas en México. Su nombre fue también retirado y sustituido por Jack. Aunque menos mediático, su impacto fue brutal, especialmente en áreas rurales del estado de Guerrero y Oaxaca.
Una mirada al futuro: resistencia y resiliencia
Ante esta realidad, es vital que tanto gobiernos como ciudadanos comprendan que la adaptación climática es una estrategia de supervivencia. Inversiones en infraestructura verde, educación comunitaria, sistemas de alerta temprana y cooperación internacional deben dejar de ser opciones y convertirse en prioridades.
Porque no bastará con recordar nombres, sino con construir un futuro donde no tengamos que volver a retirarlos.