Haití: el periodismo bajo fuego en medio del colapso social

Con balas, amenazas e impunidad, los periodistas haitianos enfrentan una crisis sin precedentes y una libertad de prensa en agonía

PORT-AU-PRINCE — Donde alguna vez la palabra “PRENSA” estampada en un chaleco antibalas servía como escudo simbólico y físico, hoy es una diana para los gatilleros. Haití, una nación marcada por la inestabilidad, enfrenta una nueva tragedia: el colapso del periodismo.

El derrumbe de una vocación: periodismo en zona de guerra

Jean-Jacques Asperges, periodista de 58 años, es apenas uno de los múltiples comunicadores que han experimentado en carne propia el infierno haitiano. Su casa fue tomada por bandas criminales y ahora duerme en un refugio improvisado en condiciones inhumanas, como miles de otros compatriotas desplazados por la violencia. Fue herido de bala el pasado diciembre, mientras cubría el fallido intento de reapertura del Hospital Universitario Estatal La Paix.

A pesar de haber perdido todo su equipo de trabajo, Asperges continúa informando solo con ayuda de su teléfono móvil. Como él, decenas de periodistas resisten el infierno de la capital haitiana, incluso cuando redes criminales controlan el 85 % de Puerto Príncipe.

El código de silencio impuesto por el crimen

A lo largo de marzo de 2024, al menos tres medios fueron atacados por bandas armadas. Las estaciones Radio et Télévision Caraïbes, Mélodie FM y Télé Pluriel sufrieron actos vandálicos donde incluso equipos huérfanos fueron saqueados. Estos atentados demostraron ser más que simples robos: “Es un mensaje claro: no operas sin nuestro permiso”, afirmó David C. Adams, especialista en temas de libertad de prensa en Haití.

El 24 de diciembre de 2023, las balas no perdonaron. Dos reporteros murieron en un ataque mientras cubrían la reapertura del mayor hospital público del país. Al menos siete resultaron heridos, entre ellos Asperges. Fue el peor ataque contra la prensa en décadas recientes.

Protegerse es arriesgarse aún más

Llevar un chaleco antibalas con identificación de prensa solía dar protección. Hoy, hacerlo es peligroso. Jephte Bazil, videógrafo independiente, fue interceptado durante una protesta. Lo interrogaron durante más de 30 minutos y lo amenazaron con un machete si se desviaba del camino que había indicado.

“Pude haber muerto ese día”, confesó Bazil. No era la primera vez que enfrentaba el terror: también fue herido en el ataque de diciembre y su motocicleta fue balaceada en febrero de este año. “Ahora los periodistas son blancos, por parte tanto de la policía como de las pandillas”, lamentó.

La desconfianza lo corroe todo

Por una parte, la población acusa a la prensa de trabajar para las pandillas. Por otra, los propios cabecillas de estas organizaciones delictivas lanzan amenazas explícitas en redes sociales. Algunos, como líderes de Martissant o Croix-des-Bouquets, advertían públicamente su intención de secuestrar periodistas.

“Ya no solo somos las víctimas, la libertad de prensa en sí misma está siendo aniquilada”, declaró Obest Dimanche, portavoz del Colectivo de Medios en Línea de Haití. Pese a las recomendaciones de evitar coberturas de zonas dominadas por grupos armados, la necesidad de documentar supera al miedo.

Una nueva forma de sobrevivir

Los reporteros haitianos ahora viajan en grupo, preferiblemente en motocicletas, listos para lanzarse al suelo ante disparos. Terminan el día con llamadas entre colegas para asegurarse de que todos hayan sobrevivido. Algunos duermen en los suelos de las redacciones; otros, como Asperges, en refugios precarios saturados.

“Hay barrios de los que ya no podemos reportar”, advierte Jean Daniel Sénat, de Le Nouvelliste y la estación Magik9. “Y si no puedes hablar con la gente, no puedes ejercer tu labor”.

Medios bajo ataque: el fin del legado informativo

El periódico más antiguo de la nación, Le Nouvelliste, dejó de circular en formato impreso tras un ataque armado a su sede en 2023. Funcionan exclusivamente en línea desde entonces.

Fundado en 1949, Radio et Télévision Caraïbes, considerado un pilar de la radiodifusión haitiana, fue incendiado recientemente. “Cada trabajador tenía una historia con ese espacio”, cuenta el reportero Dénel Sainton. Fue descrito como “el alma” de la estación, inicialmente forzada a mudarse en 2022 por otra amenaza.

Impunidad como mensaje institucional

Desde el año 2000, al menos 21 periodistas han sido asesinados en Haití, incluyendo nueve en 2022, el año más mortal para el periodismo en la isla, según cifras de la UNESCO. Reportes del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) indican un asesinato en 2023 y dos más en lo que va de 2024.

Siete asesinatos desde 2019 continúan sin esclarecerse, incluyendo el del locutor Garry Tesse, cuyo cuerpo apareció mutilado en 2022, días después de denunciar por radio un supuesto complot en su contra por parte de un fiscal.

En marzo, el gobierno haitiano condenó los ataques contra medios como Radio et Télévision Caraïbes, pero las promesas de protección no se han traducido en medidas efectivas. El país lidera el índice global de impunidad por asesinatos a comunicadores, de acuerdo con el más reciente informe del CPJ.

La fuga forzada del talento periodístico

El hostigamiento ha llevado a decenas de periodistas a abandonar el país. Otros como el reconocido investigador Gardy Saint-Louis han optado por ocultarse. Desde septiembre de 2024, ha recibido amenazas constantes que terminaron con un tiroteo contra su casa en febrero.

A este éxodo de voces se suma el cierre de medios por falta de recursos y seguridad. Quedan menos plataformas, menos espacios de expresión y cada vez más silencio impuesto por las armas.

¿Qué queda del periodismo haitiano?

Más allá del valor inquebrantable de sus reporteros, el periodismo en Haití enfrenta su momento más oscuro. Con medios cerrados, periodistas exiliados o asesinados, y una ciudadanía cada vez más desconectada de los hechos, el país peligra de caer en un apagón informativo total.

Como señaló Max Chauvet, director de operaciones de Le Nouvelliste: “Hoy, hacer periodismo en Haití es una actividad de alto riesgo. Mañana, podría no ser posible hacerlo en absoluto”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press