El drama estadounidense de los aranceles a Canadá: ¿fentanilo o guerra comercial?

El uso del estado de emergencia por parte de Trump para justificar aranceles enfrenta a los senadores republicanos y levanta alarmas económicas

WASHINGTON – Con el anuncio inminente del llamado “Día de la Liberación” de Donald Trump, en el cual pretende anunciar aranceles recíprocos contra China, México y Canadá, la política comercial estadounidense ha alcanzado un nuevo pico de tensión. En el centro de este huracán político se encuentra una resolución presentada por los demócratas para anular la emergencia nacional decretada por el expresidente en torno al tráfico de fentanilo desde Canadá, una justificación crucial para los nuevos aranceles.

Un escenario político fracturado

El Senado norteamericano se convirtió en escenario de un enfrentamiento directo entre los seguidores de la visión proteccionista de Trump y un número creciente de legisladores (incluidos republicanos) preocupados por las repercusiones económicas de los nuevos aranceles.

La resolución demócrata, liderada por el senador Tim Kaine de Virginia, busca bloquear la acción ejecutiva de Trump, quien ha utilizado la Ley de Emergencias Nacionales para imponer restricciones económicas a un antiguo aliado estratégico: Canadá. Kaine criticó abiertamente la medida como “una emergencia inventada” con el fin de justificar recortes fiscales que, según él, benefician principalmente a los más adinerados.

“Hoy, Donald Trump toma un mazo contra la economía estadounidense y hasta contra el sueño americano,” sentenció el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer.

¿Fentanilo canadiense? Una excusa dudosa

Trump argumenta que Canadá ha sido negligente en el control del tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos, utilizando esta acusación como base para su declaración de emergencia nacional. Sin embargo, los datos federales contradicen esta narrativa. En el año fiscal 2024, la Patrulla Fronteriza solo incautó 43 libras de fentanilo en la frontera norte, comparado con más de 21,000 libras decomisadas en la frontera sur solo en un año.

A pesar de esto, Trump señaló a cuatro senadores republicanos clave — Lisa Murkowski (Alaska), Susan Collins (Maine), Mitch McConnell y Rand Paul (ambos de Kentucky) — con la esperanza de mantener la lealtad de su partido en una votación crucial.

El impacto económico: más allá del simbolismo

Las consecuencias de los aranceles propuestos pueden ser severas, y esto es lo que ha encendido las alarmas de diversos sectores. Canadá es el segundo socio comercial más importante de Estados Unidos, y sus exportaciones están profundamente integradas con la cadena de suministro estadounidense.

Un ejemplo ilustrativo lo ofreció la senadora Collins, quien explicó cómo una planta de papel en el norte de Maine depende del pulpo canadiense, transportado directamente cruzando el río que forma la frontera. Un arancel del 25% sobre esta materia prima podría devastar la industria local y los 510 empleos que sostiene.

Industria del naval, del aluminio, de la cerveza artesanal que usa latas importadas, y hasta la construcción de viviendas con madera canadiense, son solo algunas de las afectadas.

Aranceles como herramienta política

La estrategia de Trump ha consistido en utilizar los aranceles no solo como herramienta económica, sino como arma política de presión. Durante su mandato anterior, inició guerras comerciales con China bajo argumentos proteccionistas que resultaron en aumentos de precios para productos cotidianos estadounidenses y represalias por parte de sus socios comerciales.

Los republicanos moderados temen que este patrón se repita, generando turbulencias en sectores clave como el agrícola, automotor o minorista. North Dakota, por ejemplo, exporta maquinaria de construcción (fabricada por empresas como Bobcat) al mercado canadiense, y cualquier forma de restricción puede desequilibrar cientos de negocios locales.

¿Rumbo a negociaciones o a una recesión?

Algunos senadores como Kevin Cramer (R-ND) han intentado justificar su apoyo a Trump enfocándose en la posibilidad de que su anuncio sea el inicio de negociaciones para eliminar aranceles de ambos lados. Sin embargo, pocos creen que exista un plan concreto más allá del espectáculo político.

Los economistas advierten que escalar este tipo de medidas puede empujar a la economía estadounidense hacia una contracción del PIB del 0.5% si las represalias canadienses se concretan, según proyecciones del Instituto Peterson. El consumidor estadounidense sería el más afectado debido al aumento de precios en productos básicos importados: papel, bebidas, electrodomésticos, etc.

Tarifas contra políticas públicas

Los demócratas han aprovechado el conflicto para denunciar simultáneamente lo que consideran recortes encubiertos a programas sociales. Kaine denunció que los aranceles son una estrategia para financiar extensiones de las reducciones impositivas para los sectores más ricos, a costa de Medicare y Medicaid.

“Están sacrificando programas de salud públicos y haciendo que las familias paguen más por sus alimentos y vivienda,” denunció ante los medios.

Una división republicana cada vez más visible

En tiempos anteriores, el Partido Republicano era sinónimo de libre comercio. La visión de Ronald Reagan y George H.W. Bush promovía acuerdos que liberalizaban el intercambio, como el NAFTA. Pero la llegada de Trump ha transformado el discurso conservador hacia una economía de confrontación.

Muchos congresistas, aunque preocupados, no quieren enfrentarse al liderazgo del expresidente, quien sigue teniendo una influencia significativa dentro de las bases del partido.

Conclusión: ¿emergencia o estrategia electoral?

En medio de esta tensión, lo que parece claro es que el recurso de “emergencia nacional” está siendo usado como palanca para una política comercial que busca consolidar apoyo electoral más que fomentar un beneficio tangible para la economía. Si bien el tráfico de fentanilo es un problema real, su anclaje como argumento para iniciar una guerra arancelaria parece, cuanto menos, forzado.

Y mientras el Senado decide si sigue o no esta estrategia, las industrias, los agricultores y los hogares estadounidenses enfrentan la incertidumbre de ser los verdaderos pagadores de esta cruzada proteccionista.

En un mundo cada vez más globalizado, las fronteras comerciales no se dibujan con muros ni con decretos de emergencia. Se negocian con diplomacia, acuerdos y evidencia, no con alarmas artificiales.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press