Chipre frente al espejo: ¿Renace la esperanza de paz en una isla dividida desde hace medio siglo?

Tras años de estancamiento, griegos y turcochipriotas exploran medidas de confianza, pero los obstáculos para una reunificación aún parecen insalvables

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Por décadas, la isla de Chipre ha sido uno de los conflictos congelados más emblemáticos del mundo. Desde la invasión de Turquía en 1974, tras un golpe fallido para unir a Chipre con Grecia, la nación isleña permanece dividida entre el sur grecochipriota —reconocido internacionalmente— y el norte turcochipriota, solo reconocido por Ankara. Esta línea divisoria no es solo política o geográfica: es una frontera física, custodiada por la ONU, que representa décadas de resentimiento, fracaso diplomático e identidades que van en direcciones aparentemente opuestas.

Una reunión con promesas modestas

Este abril, los líderes de ambos lados del conflicto chipriota volvieron a sentarse en la misma mesa en un encuentro convocado por las Naciones Unidas. Nikos Christodoulides, presidente grecochipriota, y Ersin Tatar, líder turcochipriota, anunciaron una serie de medidas destinadas a reconstruir la confianza entre ambas comunidades.

Entre los acuerdos alcanzados figuran:

  • Investigación conjunta de los peligros de minas en la zona de amortiguamiento.
  • Colaboración en iniciativas medioambientales compartidas.
  • Restauración de cementerios históricos abandonados.
  • Creación de un grupo de diálogo juvenil binacional para abordar temas de actualidad.

Aunque parecen pasos simbólicos, para una sociedad dividida durante más de 50 años, cualquier gesto puede ser significativo. Sin embargo, el panorama diplomático sigue plagado de desafíos estructurales, ideológicos y geopolíticos.

La cicatriz de 1974 sigue abierta

Desde su independencia del Reino Unido en 1960, Chipre funcionó bajo una república compartida entre griegos y turcos. Sin embargo, los disturbios intercomunales y la falta de confianza entre ambas comunidades crearon tensiones que estallaron con el golpe de Estado de 1974, liderado por nacionalistas grecochipriotas que deseaban anexar la isla a Grecia. Turquía respondió con una invasión militar en el norte, estableciendo lo que hoy se conoce como la "República Turca del Norte de Chipre".

Desde entonces, más de 35,000 soldados turcos permanecen en el norte de la isla, controlando aproximadamente un tercio del territorio. El resto de la comunidad internacional —incluida la Unión Europea, de la cual Chipre es miembro desde 2004— solo reconoce al gobierno grecochipriota, situado en Nicosia, la capital dividida.

¿Qué caminos de paz se han considerado?

Las negociaciones para resolver el conflicto han tenido múltiples rondas desde los años 80, con propuestas tan ambiciosas como los planes de federación bizonal bicomunal, un enfoque impulsado tanto por la ONU como por la UE. Uno de los intentos más renombrados fue el Plan Annan de 2004, que proponía una federación federal con igualdad política para ambos grupos. Aunque obtuvo el respaldo de los turcochipriotas, los grecochipriotas lo rechazaron en un referéndum. Desde entonces, las conversaciones se han reactivado y colapsado repetidamente.

El actual líder turcochipriota, Ersin Tatar, apoya ahora una solución basada en dos Estados soberanos. Esto rompe con la tradición diplomática de promover una federación como vía de solución y se alinea con la postura del presidente turco Recep Tayyip Erdoğan. Por su parte, Christodoulides insiste en que aceptar la división formal de la isla legitima una invasión militar y viola resoluciones de la ONU.

¿Hay nuevos vientos diplomáticos soplando?

El actual esfuerzo de diálogo cuenta con el respaldo directo del Secretario General de Naciones Unidas, António Guterres, quien propuso recientemente nombrar un enviado especial para impulsar el proceso. La comunidad internacional, desde Bruselas hasta Washington, observa con cierto optimismo este leve deshielo diplomático. El hecho de que ambas partes hayan aceptado cooperar en asuntos no políticos —medioambiente, juventud, patrimonio— podría sentar las bases para una revalorización del proceso de paz.

No obstante, los asuntos fundamentales siguen sin resolverse:

  • Reconocimiento mutuo de legitimidad política.
  • Retirada de tropas turcas del norte.
  • Derecho de retorno de desplazados internos.
  • Propiedad de los bienes tras el desplazamiento post-invasión.
  • El controvertido papel de Turquía dentro de cualquier arreglo final.

Las energías renovables y el contexto geopolítico

Uno de los proyectos fallidos más llamativos fue la propuesta de construir parques solares en la zona de amortiguamiento. La energía sostenible podría haber sido el único idioma común en una isla que necesita modernización energética. Sin embargo, la métrica política se impuso. Para Christodoulides, la propuesta representa una forma velada de legitimar a las autoridades del norte, mientras que para Tatar es una forma de cooperación pragmática.

Además, el Mediterráneo oriental ha ganado importancia geopolítica debido a reservas de gas sin explotar. Chipre, Grecia e Israel han considerado conjuntamente rutas de exportación que excluyen a Turquía. Esta realidad energética eleva la tensión regional, dado que Ankara reclama derechos sobre aguas que la comunidad internacional asigna a Nicosia.

Voces desde la sociedad civil

En las calles de Nicosia, separado no solo por la línea verde sino por medio siglo de desconfianza, la población joven parece tener visiones diferentes a la clase política. Numerosos grupos pro reunificación encontraron eco en redes sociales, proyectos escolares conectados entre comunidades, incluso turismo que atraviesa las fronteras internas.

Una encuesta del PRIO Cyprus Centre en 2023 mostró que aproximadamente el 61% de los grecochipriotas y el 53% de los turcochipriotas estarían abiertos a una solución federal con compromisos mutuos, aunque con reservas marcadas sobre seguridad y representación.

Además, iniciativas culturales, como festivales binacionales de música o exposiciones de arte, continúan sembrando una semilla de entendimiento que, si no florece en las esferas políticas de hoy, podría hacerlo en las del mañana.

¿Camina Chipre hacia un modelo balcánico?

La experiencia de otros países europeizados tras conflictos internos, como Bosnia-Herzegovina, sirve como doble advertencia y guía. Si bien la coexistencia entre grupos históricamente enfrentados es posible bajo el paraguas institucional europeo, sin reformas judiciales, compromisos claros y voluntad genuina, el modelo puede generar estructuras políticas frágiles y corrompibles.

El proceso de adhesión completa del norte turcochipriota al marco europeo está bloqueado mientras no se solucione el reconocimiento internacional. Pero muchos observadores estiman que Bruselas podría jugar un papel más proactivo, especialmente ante la creciente influencia de Turquía.

La urgencia de una nueva narrativa

Las declaraciones más recientes de ambos líderes en Nicosia reflejan desconfianza, pero también respeto. Frases como “Mi amigo Nikos tiene sus principios, yo tengo los míos, pero debemos avanzar” pronunciadas por Tatar, y la invitación a reunirse nuevamente este mes por parte de Christodoulides, indican que reconocen al ‘otro’ no solo como adversario, sino como interlocutor necesario.

En pleno siglo XXI, con conflictos larvados emergiendo, pandemias globais, retos climáticos y populismos en auge, la historia de Chipre puede tener algo que enseñar: que ningún país es demasiado pequeño para convertirse en símbolo de paz, y ninguna herida es tan antigua como para no poder comenzar a cicatrizar.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press