‘Qatargate’: El escándalo que sacude al círculo íntimo de Netanyahu
Dos asesores clave son acusados de promover intereses de Catar en Israel mientras el país enfrenta una crisis interna y una guerra prolongada en Gaza
Por primera vez en años, el círculo más cercano del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu se tambalea por una combinación letal de dinero extranjero, propaganda encubierta y política regional. El reciente escándalo, apodado “Qatargate” por los medios israelíes, involucra a dos de sus asesores más íntimos y plantea serias dudas sobre la influencia extranjera en la política nacional, en pleno curso de una guerra devastadora con Hamas.
Catar y Netanyahu: una relación inesperada
Catar ha sido durante años una figura ambigua en el conflicto israelí-palestino. Sin relaciones diplomáticas formales con Israel, pero con fuertes vínculos con Hamas, su papel de mediador no ha evitado que muchos en Israel lo perciban como cómplice del grupo islámico.
En 2018, Israel —bajo el liderazgo prolongado de Netanyahu— permitió que fondos cataríes fluyeran hacia Gaza con el supuesto objetivo de ayuda humanitaria. Sin embargo, exfuncionarios israelíes y analistas coinciden en que parte de ese dinero terminó sirviendo para financiar la infraestructura militar de Hamas.
“Qatar is contemptible. But we should check ourselves first… We not only allowed, we encouraged Qatar to invest in Gaza”, comentó Yoel Guzansky, investigador senior del Instituto para Estudios de Seguridad Nacional.
¿Qué es ‘Qatargate’?
La investigación gira en torno a Jonatan Urich y Eli Feldstein, dos asesores de confianza de Netanyahu, sospechosos de recibir pagos desde Catar —a través de un intermediario estadounidense— para ejecutar una campaña de relaciones públicas favorable al emirato.
El objetivo: mejorar la imagen de Catar entre los israelíes y manchar la reputación de Egipto, otro mediador crucial en los esfuerzos de tregua con Hamas. Urich fue asesor de comunicación del primer ministro y Feldstein, su portavoz. Ambos enfrentan posibles cargos por lavado de dinero, fraude, soborno y contacto con agentes extranjeros.
El asunto ha tomado dimensiones explosivas en una nación donde cada movimiento del primer ministro polariza opiniones y donde el fantasma de la corrupción ronda desde hace tiempo.
El papel de los medios
Uno de los elementos más preocupantes del escándalo es el uso de la prensa como canal para disfrazar propaganda. Medios israelíes reportan que los asesores de Netanyahu podrían haber impulsado mensajes pro-Catar haciéndolos pasar por información institucional.
Uno de los periodistas interrogados es Zvika Klein, editor del Jerusalem Post. Visitó Catar invitado por el gobierno del país árabe y escribió una serie de artículos tras su viaje. Aunque el periódico asegura que su cobertura fue independiente, el periodista ha sido silenciado judicialmente durante la pesquisa.
¿Propaganda disfrazada de diplomacia?
La investigación también expone la fragilidad de los mecanismos de control sobre los canales de información en Israel. Según documentos judiciales, la relación entre el lobista estadounidense y Urich se concretó para disfrazar la agenda catarí como una posición oficial del gobierno israelí.
Esto no solo representa un conflicto de interés ético, sino que también pone en duda cómo países como Catar logran influir sobre decisiones tan delicadas como los términos de una tregua con Hamas.
La furia pública y la reacción de Netanyahu
Netanyahu ha respondido a las acusaciones con su habitual narrativa de persecución, calificando la investigación como una “caza de brujas política” y alegando que sus asesores están siendo “tomados como rehenes”.
Estas palabras provocaron la indignación de muchos israelíes, considerando que Hamas aún mantiene cautivos a numerosos ciudadanos desde su ataque del 7 de octubre de 2023. Más aún, la detención de Feldstein se suma a otro caso donde se lo acusa de filtrar información clasificada a la prensa extranjera.
Escándalos sin fin: el historial judicial de Netanyahu
Este nuevo escándalo llega en un momento en el que Netanyahu ya enfrenta un prolongado juicio por corrupción, donde antiguos subordinados se han convertido en testigos del Estado.
El clima político se ha vuelto aún más hostil tras su intento de destituir al jefe del Shin Bet (la agencia de seguridad interna israelí) y a la fiscal general del país, ambos involucrados en investigaciones sensibles sobre la oficina del primer ministro.
Según fuentes judiciales, fue necesario congelar la destitución del jefe del Shin Bet, Ronen Bar, a la espera de nuevas audiencias. Netanyahu ha sugerido —sin pruebas contundentes— que Bar conspiró junto con la fiscal para sabotear su gobierno.
El factor Catar: ¿posición estratégica o error de cálculo?
Catar ha invertido años en presentarse como mediador de alto perfil en los conflictos del Medio Oriente. Su ubicación estratégica, sus vastos recursos de gas natural y sus relaciones con Estados Unidos le dan un peso desproporcionado en la región.
Sin embargo, la desconfianza hacia el emirato persiste en Israel debido a que políticos de Hamas —incluido Ismail Haniyeh— operan desde Doha, y a que el canal de noticias Al Jazeera es considerado por muchos como una extensión mediática del grupo.
Analistas como Guzansky opinan que el supuesto intento de Catar por “ensuciar” a Egipto pudo haber sido una estrategia geopolítica para ganar relevancia como mediador exclusivo ante Estados Unidos y otras potencias.
La opinión pública israelí: harta y dividida
La imagen de Netanyahu se ha deteriorado significativamente desde el inicio del conflicto en Gaza. Grandes protestas, lideradas por familiares de rehenes y activistas por la democracia, han sacudido las principales ciudades de Israel.
La percepción generalizada es que Netanyahu ha priorizado su supervivencia política sobre la seguridad nacional. Su decisión de permitir años de subsidios de Catar a Gaza, sumada a los recientes escándalos de sus asesores, refuerza esa narrativa.
Además, sus recientes movimientos para reemplazar a altos funcionarios judiciales generan preocupación sobre su aparente interés en socavar las instituciones del Estado.
¿Qué sigue para Netanyahu?
Los efectos del caso Qatargate aún están por verse. Pero algunos patrones son claros: hay una creciente impaciencia dentro de la sociedad israelí, una falta de cohesión dentro del gabinete de guerra y una presión constante por parte de los aliados internacionales, especialmente Estados Unidos.
Una percepción creciente indica que Catar logró infiltrar no solo el territorio político israelí, sino también su sistema de comunicación pública mediante tácticas sofisticadas de “soft power”.
Esta revelación no solo afecta la credibilidad de Netanyahu, sino también la de un Estado cuya seguridad y neutralidad institucional están en el centro de su identidad.
Israel, en pleno conflicto y bajo tormenta política, enfrenta ahora su crisis institucional más delicada en décadas.