Wayne Gretzky: ¿un ídolo caído en la batalla cultural entre Canadá y EE. UU.?
Su silencio frente a las tensiones políticas ha sacudido su legado más allá del hockey
La leyenda que cruzó fronteras
Wayne Gretzky, conocido mundialmente como "El Gran Uno", ha sido por décadas símbolo de excelencia y orgullo canadiense. Su impacto en el hockey es incuestionable: más de 2.800 puntos en la NHL, cuatro Copas Stanley, y un sinfín de récords aún imbatibles. Originario de Brantford, Ontario, Gretzky ayudó a catapultar el interés global en el hockey sobre hielo y llevó al deporte a terrenos donde jamás había prosperado, como el sur de California.
Sin embargo, su legado hoy está siendo cuestionado no por lo que hizo en la pista, sino por lo que ha dejado de decir fuera de ella. Su cercanía con el expresidente estadounidense Donald Trump ha encendido un debate en Canadá sobre su lealtad nacional y su rol como figura pública en tiempos de crisis política entre ambos países.
Brantford: de orgullo nacional a desilusión
En su ciudad natal, Brantford, la figura de Gretzky estaba literalmente en cada esquina: desde el Wayne Gretzky Sports Centre hasta el parque infantil y la calle que lleva su nombre. Pero las cosas han cambiado. Algunos residentes han comenzado incluso a proponer que la avenida principal que lleva su nombre sea rebautizada en honor a su padre Walter Gretzky, un querido miembro de la comunidad fallecido en 2021.
"Siempre creí en él," dijo John Davidson, un vecino de toda la vida. "Pero ahora... me decepciona el alma." Historias como esta se repiten entre ciudadanos que crecieron con Gretzky como ídolo, y hoy sienten que su silencio ante los comentarios despectivos de Trump hacia Canadá, incluyendo sugerencias de anexión del país, constituye una traición simbólica.
La amistad con Trump: ¿una jugada política o simple afinidad personal?
No está del todo claro cómo comenzó la amistad entre Wayne Gretzky y Donald Trump. Algunos apuntan a partidas de golf compartidas con Dustin Johnson —yerno de Gretzky y golfista profesional— como el probable nexo. Otros recuerdan ciertos vínculos del magnate estadounidense con ejecutivos del equipo Edmonton Oilers en la década de 1980.
Pero lo que ha alimentado la controversia no es la amistad en sí, sino la fotografía de Gretzky celebrando con Trump la noche de su victoria electoral en Mar-a-Lago y su presencia en la toma de posesión. En tiempos más sencillos, estos gestos habrían pasado desapercibidos. Hoy, con Canadá enfrentando tensiones diplomáticas y comerciales con EE. UU., el silencio de Gretzky se siente ensordecedor.
El hockey y la política: ¿un binomio inevitable?
Históricamente, las superestrellas del deporte han tenido la opción, si no la obligación moral, de intervenir en asuntos políticos o sociales. Desde Muhammad Ali rechazando ir a la guerra de Vietnam hasta Megan Rapinoe denunciando injusticias sociales, el deporte y la política rara vez han estado realmente separados.
¿Debe Gretzky alzar la voz en defensa de su país natal? Para muchos, la respuesta es sí. El famoso portero checo Dominik Hasek declaró en un mensaje: “Es natural que los canadienses se pregunten por la actitud de un hombre que es un ícono de su país.”
¿A qué se enfrenta el legado de Gretzky?
Mientras el Kremlin y la OTAN disputan narrativas sobre la guerra en Ucrania y Estados Unidos reajusta su rol internacional, Canadá se encuentra atrapado entre la diplomacia clásica y la política de realidades duras. Y en medio, enteramente ajeno en apariencia, está Wayne Gretzky. Su silencio ha sido interpretado por muchos como complicidad con políticas que ponen en peligro la soberanía canadiense.
La creciente ola de nacionalismo en Canadá ha llevado incluso tiendas de comestibles a marcar productos como “100% canadienses” y retirar bebidas alcohólicas importadas de EE. UU. de sus estanterías. Esta sensibilidad sirve de trasfondo a la interpretación de las acciones —o inacciones— públicas de figuras nacionales como Gretzky.
¿Héroe o símbolo de tiempos pasados?
A sus 64 años, Gretzky ha pasado más tiempo en EE. UU. que en Canadá. De sus cinco hijos, todos viven en Estados Unidos. La familia Gretzky se ha adaptado al estilo de vida hollywoodense, siendo Paulina Gretzky una celebridad por derecho propio, casada con un golfista de élite y protagonista ocasional de los tabloides.
Y mientras su imagen sigue siendo venerada en la NHL —la liga ha retirado permanentemente su dorsal número 99—, en su país natal hay una fractura creciente entre el aprecio por su contribución al hockey y la desaprobación de su conducta actual.
¿El "cancel culture" soltó el puck?
Los defensores de Gretzky también hacen oír su voz. El concejal local Dan McCreary considera desproporcionadas las críticas hacia el exjugador y califica esto como un ejemplo más de la “cancel culture”. Incluso señala que Gretzky ha hecho múltiples donaciones a causas benéficas tanto en Canadá como en EE. UU., especialmente relacionadas con los Juegos Olímpicos Especiales.
Peter Pocklington, exdueño de los Edmonton Oilers, fue tajante: “Wayne no es político. Es un jugador de hockey. Punto. Y su corazón siempre ha estado con Canadá.”
Pero esa separación entre deporte y política parece volverse más tenue con cada día que pasa.
¿Será capaz de revertir esta narrativa?
Hay quienes aún creen que Gretzky podría restaurar su lugar en el corazón de los canadienses. Una simple declaración de amor a su país, una muestra de preocupación por sus vecinos del norte, podría marcar una gran diferencia.
Mientras tanto, los debates continúan y su figura sigue en el ojo del huracán. ¿Cómo se recordará realmente a Wayne Gretzky dentro de una generación? ¿Como el mejor jugador de hockey de todos los tiempos o como un ídolo desconectado de sus raíces?
Quizá esa respuesta no la tiene ni él mismo. Pero lo cierto es que en el hielo, dominaba el juego. Fuera de él, está enfrentando su partido más complejo.