UNO: El renacer de la fuerza civil que desafía la militarización en México

Tras años bajo el dominio militar, México apuesta por una nueva fuerza de operaciones especiales e inteligencia: la Unidad Nacional de Operaciones (UNO)

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La sombra de la militarización

En 2019, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador tomó una decisión trascendental: disolver la Policía Federal bajo el argumento de corrupción endémica, y delegar las funciones de seguridad pública a la recién creada Guardia Nacional. A pesar de ser presentada como una institución civil, la Guardia nunca logró desprenderse del control militar. El resultado fue una profunda militarización de la seguridad pública durante el sexenio de AMLO.

Aunque inicialmente pareció una estrategia firme contra el crimen organizado, la realidad fue otra. A lo largo del sexenio, los niveles de violencia no disminuyeron y cárteles como el de Sinaloa o el Jalisco Nueva Generación ganaron todavía más poder, impulsados por el negocio transnacional del fentanilo. La falta de capacitación investigativa del Ejército fue uno de los principales déficits de esta estrategia.

Nuevo sexenio, nueva visión

Con la llegada de la presidenta Claudia Sheinbaum al poder —la primera mujer en ocupar este puesto en México—, se empieza a percibir un cambio sutil, pero significativo en materia de seguridad.

La clave de este giro es Omar García Harfuch, su Secretario de Seguridad nacional. Ex jefe de la Policía de la Ciudad de México y ex integrante de la misma Policía Federal disuelta, Harfuch encarna una visión técnica y profesionalizada de la seguridad pública. Su propuesta: crear la Unidad Nacional de Operaciones, mejor conocida como UNO.

¿Qué es UNO?

UNO es una fuerza de operaciones especiales e inteligencia integrada principalmente por ex miembros de la Policía Federal y unidades de élite creadas en Ciudad de México. La unidad ha sido desarrollada en silencio y aún no ha sido oficialmente anunciada, pero ya cuenta con 250 elementos, con intención de alcanzar los 800 a fin de año.

Según declaraciones de varios funcionarios del gobierno federal, UNO contará con ramas distribuidas geográficamente y un grupo de “alto impacto”, definido por el propio gobierno como el “élite de la élite”.

Orígenes y visión: la resurrección civil

Omar García Harfuch, conocido por sobrevivir a un intento de asesinato en 2020, ha trabajado durante décadas en estructuras de alto nivel policial e inteligencia. Ahora, su objetivo es recuperar capacidades de investigación y análisis que se perdieron durante la militarización del sexenio anterior.

Esto no sólo obedece a una necesidad interna de mejorar la seguridad en México, sino que también responde a presiones de Estados Unidos, particularmente de la administración de Donald Trump, ahora en su segundo mandato. García Harfuch ha sido encargado de controlar mejor el tráfico de fentanilo, una prioridad de seguridad nacional para EE.UU.

El simbolismo de 29 extradiciones

Uno de los logros silenciosos atribuidos a UNO es la entrega simultánea de 29 presuntos delincuentes de alto perfil a Estados Unidos, en plena negociación de amenazas arancelarias entre ambas naciones.

Este tipo de operaciones requirió una coordinación minuciosa entre agencias mexicanas y estadounidenses. La entrega se realizó sin incidentes, demostrando la capacidad táctica y logística de la naciente unidad cuya existencia aún no es reconocida oficialmente ante el público mexicano.

El reto eterno: la corrupción

México tiene una larga y dolorosa historia de corrupción dentro de sus cuerpos de seguridad. Casos como el de Genaro García Luna, ex secretario de Seguridad condenado en EE.UU. por vínculos con el cártel de Sinaloa, siguen pesando sobre la legitimidad de cualquier nuevo cuerpo de seguridad.

UNO promete aprender de esos errores. Según declaraciones de funcionarios cercanos al tema, los aspirantes son sometidos a estrictas evaluaciones de antecedentes, exámenes de control de confianza y recibirán salarios competitivos para evitar tentaciones del crimen organizado.

Formación internacional: un plus estratégico

Una característica destacada de UNO es que varios de sus elementos han recibido entrenamiento avanzado en países como Colombia, España, Francia y Estados Unidos. Este nivel de preparación internacional representa una de sus principales fortalezas frente a otras fuerzas locales y militares.

En palabras del analista de seguridad David Saucedo: “UNO quiere ser una élite funcional, que no sólo responde con fuerza, sino que piensa, investiga y se coordina a nivel internacional. Pero aún está por verse si puede resistir la tentación de los cárteles”.

Expansión silenciosa: influencia en estados

García Harfuch ha comenzado a colocar perfiles de su confianza en cargos clave de seguridad en estados gobernados por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), el partido de Sheinbaum. Esto permite llevar la doctrina y metodología de UNO a otras regiones del país.

Por ejemplo, en el estado de Chiapas, se ha creado una unidad local de élite conocida como Pakal, con cerca de 500 miembros. Algunos de ellos, revelaron que recibieron entrenamiento especializado de 8 meses y provienen de la desmantelada Policía Federal.

¿La mejor arma contra los cárteles?

En teoría, fuerzas como UNO podrían ser la combinación ideal para enfrentar al crimen organizado en México. Tienen lo que los militares no: capacidad analítica, experiencia urbana, vínculos judiciales y formación policial.

Pero como lo señala el propio Saucedo, “sin controles internos y mecanismos efectivos de rendición de cuentas, cualquier súper fuerza puede convertirse en una amenaza para los propios ciudadanos”.

Especialistas coinciden en que para evitar los males del pasado, UNO necesita una ley orgánica, supervisión ciudadana, auditorías autónomas y una política de transparencia activa. Sin eso, se corre el riesgo de repetir los errores que destruyeron a la Policía Federal.

Implicaciones internacionales

Aunque el gobierno mexicano insiste en que UNO no es una respuesta a las exigencias de Trump, lo cierto es que su creación se alinea de manera estratégica con los intereses de seguridad de Washington.

El combate al fentanilo es una cuestión electoral y de salud pública para Estados Unidos. La existencia de una unidad investigativa confiable en México, capaz de desmantelar laboratorios, identificar rutas y arrestar cabecillas, es una moneda de cambio valiosa en las relaciones bilaterales.

¿Será UNO la excepción a la regla?

Después de décadas de reformas fallidas, escándalos y militarización, México vuelve a apostar por una fuerza civil, pero esta vez con una perspectiva más técnica, sigilosa y profesionalizada.

UNO no es aún un cuerpo oficial; es una promesa en construcción. Pero en un país donde el crimen organizado supera al Estado en múltiples regiones, donde el miedo descansa sobre las calles y la impunidad es norma, esa promesa representa una esperanza rara.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press