Una Corte en Venta: Elon Musk, la Democracia en Wisconsin y una Derrota Millonaria

La elección judicial más cara de la historia de EE.UU. reflejó un nuevo campo de batalla entre el dinero, el poder y la integridad democrática

Una contienda judicial que no parecía judicial

En un evento sin precedentes, la reciente elección para la Corte Suprema del estado de Wisconsin se transformó de una carrera judicial de bajo perfil a un campo de batalla político nacional. Y en el centro de la tormenta: Elon Musk.

Susan Crawford, una jueza liberal del condado de Dane, derrotó al conservador Brad Schimel en una de las contiendas más observadas (y más caras) de los últimos años en el sistema judicial de Estados Unidos. Pero fue el nombre de Musk el que más hizo ruido, no por su retórica ni propuestas, sino por su billetera. El magnate sudafricano-americano gastó más de $21 millones en esta elección, incluyendo pagos individuales de $1 millón a tres votantes por firmar una petición y bonos de hasta $100 por firma referida para quienes se opusieran a “jueces activistas”.

Así, lo que debió haber sido una elección centrada en competencias jurídicas, se convirtió en el próximo gran capítulo en el debate sobre la influencia del dinero, la tecnología y la ideología ultraconservadora en la política estadounidense.

¿Una elección comprada?

Grupos ligados a Musk y al expresidente Donald Trump manipularon las técnicas tradicionales de movilización política. El propio magnate defendió agresivamente su participación diciendo en su red social X: “Una elección aparentemente pequeña puede determinar el destino de la civilización occidental. Creo que esto importa para el futuro del mundo.”

No obstante, los votantes de Wisconsin parecieron tener otra opinión. “Hoy los habitantes de Wisconsin defendieron un ataque sin precedentes contra nuestra democracia, nuestras elecciones justas y nuestra Corte Suprema,” dijo Crawford en su discurso de victoria. “La justicia no tiene precio. Nuestros tribunales no están en venta.”

Y es que Wisconsin se ha convertido, de manera cada vez más evidente, en uno de los estados bisagra más relevantes del país. Su Corte Suprema podría definir asuntos de enorme trascendencia nacional como el aborto, la redistribución electoral y el derecho al voto. El control de esta corte es también preámbulo del tono con el que se acercarán las elecciones presidenciales de 2028.

Musk: entre el Silicon Valley y la maquinaria electoral

El papel cada vez más protagónico de Musk en política genera alarmas. Ya no es el genio excéntrico detrás de Tesla o SpaceX: su participación activa y abiertamente partidaria en las elecciones ha comenzado a perfilarlo como un operador político de facto. Durante las presidenciales pasadas, gastó más de $200 millones en apoyo a Trump en siete estados claves, incluida Wisconsin.

En esta elección judicial, su PAC “America PAC” derramó $6 millones solo en tareas de canvassing (puerta a puerta) para Schimel. Además, institucionalizó mecanismos agresivos de captación como pagos por firmas, algo que incluso llevó al fiscal general de Wisconsin, Josh Kaul, a presentar una demanda (que finalmente la Corte Suprema del estado se negó a revisar por tecnicismos).

Una jugada que salió mal

Lo que pudo haber sido una inversión lucrativa en términos ideológicos y estratégicos se convirtió en una derrota resonante. Schimel no solo perdió, sino que lo hizo por un margen en gran medida atribuido al rechazo popular a la intromisión de Musk. En el condado de Milwaukee, uno de los centros urbanos demócratas, Crawford superó por amplio margen las cifras de votación obtenidas incluso por Joe Biden en 2020.

Mientras Schimel sub-rendía en áreas tradicionalmente republicanas —incluyendo los condados "WOW" (Washington, Ozaukee y Waukesha)—, Crawford incrementaba su ventaja en centros urbanos y suburbanos. Esto llevó a muchos analistas a concluir que la estrategia boomerang de Musk terminó funcionando a favor de su oponente.

“Por favor envíen a Elon Musk a todas las carreras cerradas,” escribió sarcásticamente Jon Favreau, exredactor de discursos de Barack Obama. Mientras que el gobernador demócrata de Illinois, J. B. Pritzker, también multimillonario, publicó: “Elon Musk no es bueno en esto.”

Un reflejo del momento político

El auge de Musk en la administración Trump 2.0—encabezando iniciativas como el Departamento para la Eficiencia Gubernamental y una cruzada de recortes caóticos a las agencias federales—ha fortalecido su influencia en los sectores más radicales del Partido Republicano. Sin embargo, su creciente protagonismo también ha servido para galvanizar a los demócratas y otros sectores independientes moderados.

Ben Wikler, presidente del Partido Demócrata de Wisconsin, resumió el sentir de muchos: “La gente no quiere ver a Elon Musk comprando elección tras elección. Si funciona aquí, lo hará en todo el país.”

Y es que la elección judicial fue tan solo el escenario más reciente de una batalla política de largo aliento que enfrenta visiones diametralmente distintas sobre el futuro institucional del país: “activismo judicial” desde la derecha, frente a una defensa del estado de derecho desde sectores democráticos que buscan preservar la independencia de las cortes.

La contraparte moral: Cory Booker y su maratón en el Senado

En paralelo al ruido generado por Musk y la elección en Wisconsin, algo igual de simbólico ocurría en el Senado de los Estados Unidos. El senador Cory Booker rompía el récord histórico del discurso más largo en la cámara alta: 25 horas y 5 minutos ininterrumpidos, superando la marca de Strom Thurmond, quien había utilizado una maratón similar para oponerse al Acta de Derechos Civiles de 1957.

Booker no solo buscaba llamar la atención. Hablaba por los millones de estadounidenses preocupados ante la erosión de las instituciones democráticas durante la nueva era de Trump y Musk. “Este es un momento moral”, dijo. “No se trata de izquierda o derecha, se trata de lo correcto o lo incorrecto.”

Su intervención apuntó directamente a la administración de Trump y a Elon Musk, ahora cabeza del referido Departamento para la Eficiencia Gubernamental. Haciendo eco de su mentor, el fallecido John Lewis, Booker pidió hacer “buenos líos, líos necesarios” para salvar el alma de la nación.

Fue un acto de resistencia simbólica, acompañado por miembros del Caucus Negro del Congreso y figuras como Hakeem Jeffries, Maxine Waters y Raphael Warnock. Pero, más allá del acto retórico, fue una clara señal de los retos institucionales que viven los Estados Unidos en esta nueva etapa.

Democracia vs. Tecno-oligarquía

Lo que ocurrió en Wisconsin podría ser solo el principio. Con elecciones claves por disputarse —legislativas, presidenciales y más contiendas judiciales— la pregunta se hace urgente: ¿puede la democracia representativa resistir la embestida del dinero digital, de plataformas hiperpersonalizadas y de influenciadores con alcance planetario como Musk?

Por ahora, Wisconsin dijo NO. Susan Crawford mantuvo la mayoría liberal 4-3 en la Corte Suprema del estado, preservando un equilibrio crucial en la justicia local con repercusiones nacionales. Pero la batalla por el alma de la democracia continúa. Y con personajes como Musk ahora jugando con las reglas (o contra ellas), el mundo observará de cerca el próximo movimiento.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press