Trump, tensiones geopolíticas y el Mundial 2026: ¿una bomba de tiempo o una oportunidad global?
El regreso de Trump, sus políticas comerciales y el complicado entorno diplomático generan dudas sobre la viabilidad del Mundial compartido entre EE. UU., Canadá y México.
El fútbol como símbolo de unidad… ¿o campo de batalla geopolítica?
Cuando en 2018 la FIFA anunció que Estados Unidos, Canadá y México serían los anfitriones del Mundial de Fútbol 2026, el mensaje central fue claro: unidad, cooperación y una celebración del deporte por encima de las diferencias. En aquel entonces, Carlos Cordeiro, entonces presidente de la Federación de Fútbol de EE. UU., proclamó: “La unidad de las tres naciones” como la temática más importante de su postulación.
Pero el mundo en 2024 pinta un panorama muy distinto. Con Donald Trump nuevamente en la Casa Blanca y reactivando tensiones diplomáticas con tarifas y discursos incendiarios sobre sus vecinos, las dudas resurgen: ¿pueden tres países con relaciones tan tensas coorganizar el evento deportivo más visto del planeta?
Las políticas de Trump y su impacto en el Mundial
El retorno de Trump ha traído consigo una nueva ola de aranceles y medidas proteccionistas que afectan el comercio con Canadá y México. Su propuesta de implementar “tarifas recíprocas” ha avivado antiguos temores económicos en Norteamérica, y sus comentarios sobre convertir a Canadá en el “estado 51” no han ayudado a calmar los ánimos.
Los expertos en economía del deporte, como Andrew Zimbalist (profesor del Smith College), creen que estas políticas no afectarán drásticamente el torneo. “Mi conjetura es que, si las relaciones se deterioran hasta el punto de restricciones de viaje, Trump haría una excepción de uno o varios meses para el Mundial”, comentó.
Y es que el impacto de estos eventos no es trivial. El Mundial 2026 está programado para realizarse entre el 11 de junio y el 19 de julio en 16 ciudades de América del Norte. Una megaoperación logística que necesita fronteras abiertas y cooperación trilateral para trasladar equipos, personal y más de 3 millones de espectadores.
¿Una amenaza real para la organización o solo ruido político?
Desde la Casa Blanca, Trump no parece alarmado. Su percepción de la tensión es distinta. Durante una visita con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en el Despacho Oval, declaró: “Creo que esto lo hará más emocionante. La tensión es algo bueno”.
Pero no todos lo ven así. Las tensiones actuales evocan recuerdos incómodos de boicots anteriores en eventos como los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 o Los Ángeles 1984. Y si bien nadie ve como escenario probable un abandono de Canadá o México, la incertidumbre persiste.
Alan Rothenberg, quien presidió el exitoso Mundial de 1994, no cree que los problemas diplomáticos se interpongan. Él señala: “Un apasionado fanático del fútbol no va a dejar de ir por asunto de gobiernos. El Mundial será una oportunidad para la reconciliación, no para agudizar tensiones”.
El tema migratorio: ¿una pesadilla logística?
Más allá de los aranceles, la gran inquietud es la movilidad: tanto de fanáticos como de jugadores y personal técnico. Según Victor Matheson, profesor de economía en el College of the Holy Cross, “lo que FIFA necesita mover no son autopartes, ni trigo, sino personas. Ese es el verdadero riesgo”.
Para una madre canadiense con hijos jugadores, o un aficionado mexicano con entradas para ver a su selección en Houston, el endurecimiento de las fronteras representaría no solo un problema práctico sino una frustración emocional enorme. El fútbol, el llamado idioma universal, no entiende de muros.
Antiamericanismo en los estadios: una reacción emocional
Las tensiones políticas pueden trasladarse a las gradas. El abucheo al himno de EE. UU. durante el torneo de hockey 4 Nations Face-Off en Canadá es un claro ejemplo. ¿Podría repetirse esta escena en el Mundial? Es probable.
En un contexto global polarizado, y con EE. UU. adoptando políticas consideradas agresivas por parte de otros países, los estadios pueden convertirse también en espacios de protesta. Su impacto mediático sería mayúsculo.
La posición de FIFA e Infantino sobre Trump
La FIFA no ha emitido declaraciones oficiales sobre cómo las políticas de Trump podrían influir en el torneo. Sin embargo, su presidente, Gianni Infantino, ha demostrado repetidamente su apoyo a Trump, e incluso han celebrado reuniones frecuentes desde la elección de noviembre.
Esta alianza expone a la FIFA a posibles críticas si esta abandona su tradicional neutralidad política. Y aunque sus estatutos aseguran promover la diversidad y la inclusión global, los fanáticos estarán atentos a cualquier guiño o complacencia del órgano rector del fútbol hacia estas políticas restrictivas.
El precedente de Rusia y Qatar: los aficionados no se detienen
En defensa de quienes piensan que este Mundial se realizará sin mayor conflicto, están los antecedentes. Torneos recientes como el Mundial de Rusia 2018 y el de Qatar 2022 lograron cifras récord de asistencia (ambos con más de 3 millones de espectadores), pese a las críticas por derechos humanos y conflictos internacionales.
Como lo explicó Rothenberg: “La gente ama al fútbol, y ama a Estados Unidos. Si no fuera así, no tendríamos una crisis migratoria. La política es entre gobiernos, pero los apasionados del deporte viajan donde sea si su selección juega”.
¿Una oportunidad diplomática disfrazada de torneo?
Para algunos funcionarios, como Gabriela Cuevas, representante del Gobierno de México ante la FIFA, el Mundial no es solo una fuente de temor, sino de potencial. “La Copa del Mundo puede ser ruta para un nuevo diálogo”, sostiene.
Hay quienes creen que este evento puede servir como puente para mejorar las relaciones trilaterales. En el pasado, incluso países en conflicto se han unido temporalmente durante Juegos Olímpicos o Mundiales, aunque sea para garantizar el desarrollo de la competencia.
¿Visas, permisos, restricciones?: Las verdaderas preguntas por responder
Los Comités Olímpicos Internacionales y Nacionales tampoco se han mantenido en silencio. La reciente presidenta del COI, Kirsty Coventry, expresó que su compromiso será garantizar que “todo atleta que se clasifique podrá participar y sentirse seguro”. Y asumió que Trump, en su afán de éxito, facilitará el cumplimiento del evento en Los Ángeles 2028.
Pero, ¿qué ocurre cuando se trata de 16 ciudades en tres países? ¿Podrán garantizarse cientos de miles de permisos de estancia temporal para fanáticos, periodistas, árbitros y voluntarios? Esas respuestas aún no están claras.
¿Y los aficionados? Pasión por el fútbol por encima de las políticas
La visión desde los pueblos también es nítida. Germán Camacho Pacheco, un empresario mexicano de 29 años en la Ciudad de México, lo resume así: “El fútbol es religión aquí. No creo que se preocupen por tarifas o política”.
Y en muchos sentidos, esa es la esencia del Mundial desde su creación en 1930: unir a personas de todo el mundo en torno al deporte. Aunque los gobiernos se enfrenten, la pasión por el fútbol ha creado treguas, puentes culturales y memorias imborrables por más de 90 años.
Ya sea que Trump flexibilice sus reglas por conveniencia, o que la FIFA logre negociar condiciones favorables, lo cierto es que el Mundial 2026 será más que solo una cita deportiva. Será el escenario perfecto para medir hasta qué punto la política y el deporte pueden coexistir — o colisionar — en el siglo XXI.