Tarifas, inflación y juguetes sin pilas: El nuevo rostro del consumo en EE.UU.

Empresas recurren a ingeniosos métodos —empaques más simples, menos accesorios y hasta papel más delgado— para sobrevivir a aranceles e inflación sin subir los precios

En un contexto económico enrarecido por las políticas arancelarias de Donald Trump y una inflación persistente que ha agotado el poder adquisitivo de los consumidores estadounidenses, las empresas han optado por reinventar sus productos y estrategias de comercialización para mantenerse competitivas.

Lejos de simplemente subir los precios, compañías de múltiples sectores están aplicando lo que podría considerarse una nueva ola de "arqueología del ahorro", examinando cada centavo invertido en empaques, materiales y accesorios. ¿El objetivo? Minimizar aumentos de precios sin perder atractivo ante el consumidor.

La política arancelaria de Trump: un escenario cambiante

Desde que Donald Trump impuso tarifas de hasta un 25% sobre productos de China y otros países —como aluminio, automóviles y acero— las empresas estadounidenses han tenido que adap­tar sus cadenas de suministro. A ello se suma la amenaza de nuevas tarifas recíprocas, además de retrasos en los impuestos a bienes provenientes de Canadá, México y la Unión Europea.

"Este no es el momento para tomar decisiones de largo plazo como relocalizar fábricas", advierte Kimberly Kirkendall, presidenta de International Resource Development, una firma de consultoría de cadenas de suministro. Su recomendación: revisar cada producto desde el material de impresión hasta la forma de envío.

La creatividad como salvavidas: cambios invisibles pero rentables

La lista de cambios implementados por las compañías sería extensa, pero más llamativos son aquellos cuyo impacto financiero es inversamente proporcional a su visibilidad:

  • Abacus Brands Inc., especialista en kits educativos, optó por usar papel más delgado en sus libros de actividades, evitando así subir $10 el precio de venta.
  • Aurora World Inc. eliminó colores de pintura no esenciales para reducir costos en mano de obra sin que el cliente lo note.
  • Groomsday, minorista de regalos de bodas, dejó de incluir pilas y cajas decorativas cuando estas no agregan valor funcional.

Como dice Steve Rad, CEO de Abacus Brands: “Tres o cuatro centavos aquí, siete o seis allá… de repente has compensado el gasto extra causado por los aranceles.”

Empaque: de enemigo invisible a oportunidad elegida

El empaque es una de las áreas donde las compañías ven oportunidades tanto económicas como ecológicas. Jay Foreman, CEO de Basic Fun!, que comercializa juguetes icónicos como Tonka y Care Bears, ha propuesto a las tiendas estadounidenses tres niveles de empaque:

  1. Empaque tradicional con ventana transparente.
  2. Empaque con una base de cartón únicamente.
  3. Producto sin empaque, solo con etiqueta de papel.

El ahorro por unidad va desde $1.25 hasta $1.75, lo que resulta fundamental cuando se venden millones de unidades. Otro cambio: Abacus Brands cambiará los insertos de plástico por bandejas de cartón, lo que representa una reducción de costo de $0.30 a $0.07 por unidad.

Autoensamblaje y envíos más inteligentes

Una medida adoptada por varias empresas consiste en simplificar productos para reducir costos de envío. Esto recuerda a la estrategia “flat-pack” de IKEA, firme escandinava cuyas ventas rompieron récord en EE.UU. entre 2022 y 2024 gracias a la facilidad de envío e instalación de sus productos.

Un cliente de Kirkendall que produce maceteros autorregantes en China rediseñó su producto para enviarlo como piezas empezadas que se ensamblan en casa, ahorrando espacio en contenedores y despachos.

Shrinkflation 2.0: menos por lo mismo (¿otra vez?)

La llamada shrinkflation —reducir el tamaño o peso de un producto sin cambiar el precio— tuvo su auge entre 2021 y 2024. De acuerdo con Edgar Dworsky, exfiscal general adjunto de Massachusetts y quien documenta esta práctica desde la web ConsumerWorld.org, es probable que regrese con fuerza.

"Esperaría ver tanto aumentos de precios como reducción de producto", asegura. Grandes marcas de consumo ya lo hicieron antes: paquetes de papel higiénico de 400 hojas que pasaron a 320, cajas de cereal con 10 gramos menos, etc.

¿Es esto realmente beneficioso para el consumidor?

La respuesta no es sencilla. Las empresas afirman que estas medidas les permiten mantener el precio sin sacrificar utilidad, pero muchos consumidores sienten que reciben menos. En algunos casos, cambios como reducir empaques o incluir menos accesorios pueden ser percibidos como medidas ecológicas, pero otros —como eliminar funciones del producto o reducir su tamaño— pueden generar desconfianza.

Para algunos expertos como Michael Rueda, abogado de Withers Worldwide, es esencial que estas modificaciones se hagan con integración ética y transparencia. "Si el rediseño afecta la experiencia del cliente, como cambiar materiales por opciones más frágiles o eliminar piezas clave, puede haber un impacto negativo en la lealtad de marca", aclara.

¿Realmente funcionan los aranceles como estrategia?

A pesar de lo mediático que ha sido el enfoque proteccionista de Trump, muchos economistas creen que los resultados han sido limitados. Un informe del Instituto Peterson (2022) concluyó que:

  • Los aranceles costaron cerca de $57,000 millones anuales a empresas estadounidenses.
  • No se logró una reindustrialización masiva, como se había prometido.
  • El consumidor promedio pagó más por productos importados sin ganar mejoras en calidad o empleo local.

Según el U.S. Census Bureau, las importaciones desde China cayeron un 17% entre 2018 y 2020, pero el déficit comercial global de EE.UU. no mejoró sustancialmente, señalando que los compradores no dejaron de importar, solo lo hicieron desde otros países como Vietnam o México.

¿El futuro de la producción local?

Algunas empresas, especialmente las pequeñas, están considerando explorar proveedores alternativos dentro de EE.UU. o buscar materiales reciclados u orgánicos que les permitan obtener beneficios fiscales y diferenciación en el mercado.

Sasha Iglehart, fundadora de la marca de camisas recicladas Shirt Story, reconoce que sigue buscando botones vintage en Europa, pero también construye relaciones con colectivos artesanales locales. “Mi prioridad es encontrar productos únicos sin que me impacten las tarifas y sin tener que aumentar el precio al cliente estadounidense”, afirma.

¿Qué pasará en las temporadas clave?

Como ocurrió durante la pandemia, los periodos de vuelta a clases y fiestas decembrinas serán de enorme importancia para medir la efectividad de estas estrategias de ahorro. Si el consumidor acepta estos nuevos formatos, empaques y formas de consumo, podríamos estar ante una transformación duradera del retail estadounidense.

Mientras tanto, queda claro que lo que empezó como una política económica se ha convertido en un ejercicio masivo de ingeniería empresarial creativa, cuyo desenlace marcará tanto a fabricantes como a millones de hogares en EE.UU.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press