St. Pauli y su revolución desde las gradas: cuando los hinchas se convierten en dueños

El club alemán logra recaudar más de 27 millones de euros gracias a una cooperativa impulsada por sus propios aficionados, marcando un hito en la historia del fútbol europeo

FC St. Pauli, ese entrañable club del corazón de Hamburgo, conocido más por sus valores que por sus títulos, ha vuelto a hacer historia. No por ganar una copa ni meterse en competiciones europeas, sino por algo que va más allá del terreno de juego: sus aficionados se han convertido en co-propietarios de su estadio, el mítico Millerntor-Stadion.

Una cooperativa que rompió moldes

En un ejemplo vivo de democracia deportiva, más de 21,000 seguidores de St. Pauli decidieron poner su dinero donde ponen su pasión. Con una inversión de 850 euros por acción (de los cuales 100 euros se destinaron a tasas y contribuciones), lograron recaudar 27 millones de euros para adquirir la participación mayoritaria en su propio estadio. Esta iniciativa pionera en el fútbol alemán no sólo representa un hito legal y político, sino también emocional. En palabras del director comercial del club, Wilken Engelbracht: “La cooperativa abrirá nuevas posibilidades para el FC St. Pauli. Al adquirir una participación mayoritaria en el estadio, el club podrá reducir sus obligaciones financieras mucho más rápido de lo planeado”.

Cuando propiedad significa pertenencia

St. Pauli ha sido siempre sinónimo de un modelo alternativo. Con una base social fuerte y una cultura contracultural tatuada en el alma del club, ha luchado contra el racismo, el sexismo y el fascismo —tanto dentro como fuera del campo. Este nuevo paso profundiza aún más su relación simbiótica con su afición, demostrando que sí es posible otro fútbol.

Una de las claves del éxito de esta campaña fue el modelo cooperativo, desarrollado durante casi cinco meses y con un final apoteósico: en las últimas horas hubo una “avalancha de compras”, según informaron los organizadores. Cada compra también daba derecho a participar en un sorteo con premios que iban desde una cena con el capitán del equipo Jackson Irvine, camisetas firmadas, hasta paquetes VIP.

Un gigante altruista: Uli Hoeness

El sorpresivo pero significativo apoyo de Uli Hoeness, presidente honorario del Bayern Múnich, también dio que hablar. En 2003, cuando el St. Pauli atravesaba una de sus peores crisis económicas, Hoeness organizó un partido benéfico para salvar al club. Dos décadas después, regresó como accionista de la cooperativa. Puede que militen en extremos ideológicos diferentes, pero ambos tienen un punto en común: entienden que el fútbol necesita más que dinero para sobrevivir; necesita alma.

El Millerntor: la casa del pueblo

El Millerntor-Stadion no es cualquier estadio. Construido originalmente en 1963, ha sido remodelado en varias ocasiones, pero nunca ha perdido su carácter de bastión del pueblo. Localizado en el distrito St. Pauli de Hamburgo, es tanto un templo futbolístico como un símbolo político. Bandas como Die Toten Hosen y elementos de la cultura punk han sido parte activa del entorno del club. En sus gradas, ondean banderas arcoíris, pancartas antifascistas y mensajes de inclusión. Es más que cemento y asfalto: es un manifiesto en ladrillos.

Con esta compra, el estadio no solo será el escenario de los partidos, sino también del ejercicio democrático de más de 20,000 copropietarios que participarán en la primera asamblea general de la cooperativa, programada para junio. Sin duda, un nuevo capítulo para el club que influye más allá de los noventa minutos.

La Bundesliga y el contexto competitivo

Este logro llega en un momento delicado deportiva y financieramente. El FC St. Pauli, que volvió a la Bundesliga como campeón de segunda división la pasada temporada, lucha ahora por mantenerse en la primera categoría. Actualmente se encuentra a tres puntos de la zona de descenso, con solo siete jornadas por disputar. Pero el presidente del club, Oke Göttlich, ve oportunidades donde otros ven amenazas: “Queremos usar el impulso de la cooperativa para lograr nuestro próximo gran objetivo: permanecer en la Bundesliga”.

Un movimiento que inspira

Mientras gigantes europeos siguen recibiendo fondos de petrodólares o inversionistas especulativos, la revolución de St. Pauli sirve como contrapeso inspirador. A menudo se dice que el fútbol moderno ha vendido su alma. En Hamburgo, están comprándola de regreso. Son decisiones así las que redefinen el futuro de este deporte.

Lo sucedido con St. Pauli podría influir en otros clubes, especialmente en un panorama donde los aficionados comienzan a exigir mayores niveles de transparencia y participación. El modelo de cooperativa recuerda —en cierta medida— al modelo de los clubes españoles como el FC Barcelona o el Real Madrid, gestionados por sus socios, pero lo lleva un paso más allá: no es solo gestión, es también propiedad.

¿Y ahora qué?

Con la mayoría del estadios bajo su control y una base sólida de aficionados-inversores, el club tiene más posibilidades de avanzar con decisiones propias, sin presiones externas. A pesar de que aún deben revisarse pedidos pendientes y oficializar la adquisición, el mensaje es claro: el fútbol puede y debe ser recuperado por quienes le dan sentido, los hinchas.

Más allá del marcador del próximo partido, la victoria ya está cantada: miles ya entraron a Millerntor no sólo con bufandas y cánticos, sino con algo que marca la diferencia entre espectador y protagonista: la propiedad del hogar común.

En tiempos en los que muchos critican la desconexión entre los clubes y su gente, St. Pauli nos recuerda que hay otra forma de vivir este deporte. Y no, no es una utopía. Es cooperativa, es popular, y está sucediendo ahora mismo, en Hamburgo.

Sitio oficial de FC St. Pauli

Este artículo fue redactado con información de Associated Press