La cruzada de Trump contra la diversidad y la inmigración cristiana: ¿una paradoja religiosa?

Despidos masivos, cierre de agencias y medidas de deportación se cruzan con una comunidad que comparte fe con quienes implementan las políticas: los cristianos.

Un gobierno reestructurado a golpe de decreto

Donald Trump prometió en su campaña volver a "drenar el pantano". Pero en su segundo mandato, esa promesa parece traducirse en una purga sistemática de agencias e instituciones federales que han sido pilares del equilibrio administrativo y diplomático de Estados Unidos. Entre los más afectados: los programas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) dentro de organismos de inteligencia, y el Instituto de la Paz (USIP, por sus siglas en inglés).

Esta ofensiva ha suscitado controversias jurídicas y éticas. El juez Anthony J. Trenga, designado por George W. Bush, emitió recientemente una orden judicial para bloquear el despido de 19 empleados de agencias de inteligencia, entre ellas la CIA y la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, que fueron separados de sus funciones por haber trabajado en programas DEI. Trenga exigió que se les permitiera apelar las terminaciones y que fueran reinstalados o mantenidos bajo licencia administrativa remunerada mientras se resolvía su estatus.

El caso del USIP: una entidad por la paz en la tormenta política

Por otro lado, el Instituto de la Paz —un organismo que hasta hace poco operaba como una plataforma independiente y bipartidista para resolver conflictos globales— se encuentra en el centro de una lucha de poder política. Trump firmó una orden ejecutiva para desmantelar el USIP y transferir sus activos a otra entidad federal. En menos de un fin de semana, su dirección fue reemplazada, el personal cesado por correo electrónico, y la sede puesta en manos de la Administración de Servicios Generales (GSA).

Durante una audiencia reciente, la jueza Beryl Howell comparó la medida de la administración con “un toro en una tienda de porcelana”, criticando la rapidez y la falta de transparencia con que se realizaron los cambios. “Se está causando un daño incalculable al USIP”, declaró el abogado Andrew Goldfarb, en defensa de la institución demandante.

Más allá de las agencias: los cristianos y la amenaza de las deportaciones masivas

Mientras esto sucede, otra cifra escalofriante sale a la luz: hasta el 80% de los inmigrantes en riesgo de deportación en Estados Unidos son cristianos, según un nuevo informe publicado por organizaciones religiosas como la Asociación Nacional de Evangélicos y la Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU. El número alcanza a unos 10 millones de cristianos, incluyendo 7 millones de ciudadanos estadounidenses que viven con personas que podrían ser deportadas.

“Como cristianos, creemos que todas las personas, sin importar su religión o nacionalidad, fueron creadas a imagen de Dios”, dijo Matthew Soerens, vicepresidente de políticas públicas de World Relief, una de las organizaciones que apadrinan el informe. Lo llamativo es que muchos cristianos estadounidenses que apoyan las políticas de Trump podrían estar respaldando acciones que perjudican a creyentes de su misma fe.

La paradoja: políticas de derecha apoyadas por votantes cristianos

En las elecciones de 2024, Trump gozó del apoyo del 80% de los cristianos evangélicos blancos, del 60% de católicos blancos y de más del 50% de evangélicos latinos. Sin embargo, estas cifras contrastan con las posibles consecuencias de sus políticas migratorias, especialmente para comunidades cristianas de América Latina, Haití, Venezuela y Nicaragua.

“No solo traen una fe vibrante que revitaliza la Iglesia en EE.UU., también creen en el trabajo duro, el cuidado de la familia y la comunidad”, afirmó Walter Kim, presidente de la Asociación Nacional de Evangélicos. De acuerdo con Kim, una deportación masiva impulsada por el gobierno “sería como una estrategia de declive eclesial patrocinada por el Estado”.

El informe incluye datos demográficos que apoyan esto. Las poblaciones migrantes provenientes de América Latina, África subsahariana y partes de Europa del Este, como Ucrania, tienen altos porcentajes de cristianos practicantes. La metodología se basa en datos del censo y estudios de afiliación religiosa combinados con porcentajes regionales

Lo que el cierre del USIP representa más allá del edificio

La pregunta legal que ha dejado perpleja a la jueza Howell es clave: ¿El USIP forma parte del Poder Ejecutivo o es una entidad independiente? Aunque su financiamiento es mixto (incluye donaciones privadas y fondos federales), el hecho de que los miembros del directorio sean nombrados por el presidente lo convierte, legalmente, en un apéndice de la presidencia a los ojos de la Casa Blanca.

Para la administración Trump y su supuesto brazo de eficiencia administrativa liderado por Elon Musk, esta vinculación fue suficiente para justificar su desmantelamiento. Pero para muchos, el cierre del Instituto representa la consolidación de una estrategia más amplia: demoler cualquier agencia que promueva la diplomacia, la diversidad o el humanitarismo.

¿Qué se gana realmente al despedir a expertos en diversidad?

En el caso de los trabajadores de DEI que operaban dentro de la CIA y otras agencias, su despido se justificó aludiendo a una supuesta necesidad de eliminar "activismo ideológico" dentro del aparato de seguridad nacional. Sin embargo, los propios demandantes aseguran que sus roles en programas DEI eran temporales y que continuaban trabajando como analistas de inteligencia —en algunos casos, con décadas de experiencia.

“¿Realmente queremos que nuestra inteligencia sea menos diversa, menos representativa y, por ende, menos efectiva?”, se preguntó un exoficial anónimo consultado por Politico. Históricamente, Estados Unidos ha defendido que una fuerza de inteligencia plural mejora las capacidades para entender conflictos globales. De hecho, tras el 11-S, un reporte bipartidista del Congreso recomendó aumentar los esfuerzos de diversidad en inteligencia como parte de una estrategia crítica para evitar futuras amenazas.

La hipocresía expuesta en cifras y fe

Todo este escenario deja al descubierto una tensión fundamental dentro del electorado cristiano en Estados Unidos. Por un lado, un candidato que promete defender los valores tradicionales, la familia, la fe. Por otro, ese mismo candidato impulsa políticas que separan familias cristianas, cierran instituciones que fomentan la paz mundial y despiden trabajadores por causas ideológicas.

“La iglesia debe despertar al hecho de que muchas de las personas más afectadas por estas políticas no están lejos… están sentadas con nosotros cada domingo”, agregó Soerens. “Corremos el riesgo de destruir nuestro propio futuro como comunidad de fe si no actuamos.”

El informe deja en el aire una advertencia potente: la deportación masiva no solo es una cuestión de soberanía nacional, sino una elección espiritual, una que tendrá implicaciones dentro de las iglesias, las comunidades y, tal vez, en el alma misma de la nación que insiste en ver a Cristo como su estandarte moral.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press