Fred Costello: el alma musical de los Red Wings que desafía al tiempo

Con 89 años y más de 4,900 partidos interpretados, el organista Fred Costello sigue haciendo vibrar a los aficionados del béisbol en Rochester con pasión, jazz y amor por el deporte.

Fred Costello tenía un sueño que compartía con millones de jóvenes estadounidenses: convertirse en una estrella del béisbol. Soñaba con seguir los pasos de Mickey Mantle y conquistar diamantes con batazos certeros. Pero su destino, cargado de notas musicales más que de swings al bate, lo llevó a ganarse un lugar especial en la historia del béisbol, no como jugador, sino como el organista más longevo del deporte profesional.

Un comienzo con ritmo y béisbol

Crecido en Syracuse, Nueva York, Fred Costello combinó desde joven dos pasiones: la música y el béisbol. Aunque durante algunos años intentó buscar suerte como jugador semi profesional, su carrera en el campo terminó temprano. Aun así, la promesa de algún día vivir en los estadios de béisbol jamás se desvaneció. En lugar de un bate, Costello empuñaría un teclado. Y lo haría mientras miles lo escuchaban animar las jugadas con su talento único.

Desde 1977, Costello ha tocado como organista oficial para los Rochester Red Wings, el equipo de Triple-A afiliado a los Washington Nationals. Durante casi cinco décadas, Costello ha musicalizado más de 3,458 juegos con los Red Wings y un total de 4,987 encuentros incluyendo partidos de hockey y baloncesto locales.

Un récord que ni Mickey Mantle logró

Costello suele bromear con que superó a su ídolo, Mickey Mantle, en números —al menos en cantidad de juegos. Mantle jugó 2,401 partidos en las Grandes Ligas, mientras que Costello lo ha duplicado con una constancia asombrosa en las ligas menores.

“¿Te imaginas cuál habría sido el promedio de Mickey Mantle si hubiera tenido una canción de entrada?”, comenta Costello, demostrando que la música también puede ser parte clave del juego.

Melodías que no envejecen

Quienes asisten a los partidos de los Red Wings se deleitan con los clásicos como "Take Me Out to the Ball Game", pero también con temas contemporáneos e inusuales en un estadio. Fred no solo se limita al jazz y blues que tanto ama, sino que incorpora canciones modernas: “Shaboozey tiene un tema increíble… me encanta esa ‘Bar Song’”.

Su permanencia detrás del teclado durante tantos años no obedece simplemente a la rutina. Se debe a una fórmula que combina talento, buen gusto y una lectura musical que se adapta a cada época.

Una carrera que casi llega a las Grandes Ligas

En algún momento Fred estuvo a punto de cumplir ese deseo de llegar a Las Mayores. Según cuenta, recibió ofertas tanto de los New York Yankees como de los Mets. Pero tras una audición, decidió seguir con su vida tranquila en el norte del estado de Nueva York.

“Los Wings han sido geniales conmigo. Me dieron un lugar especial”, dice el músico, que comparte su vida con Cathie, su esposa desde hace casi 60 años, y quien también trabaja en el departamento administrativo del equipo.

De Las Vegas y el jazz a la cabina del estadio

Antes de volverse el alma musical de los Red Wings, Costello fue un músico de gira. Tocó en clubes del oeste de EE.UU., incluido Las Vegas, y compartió escenario con leyendas como Bobby Darin y Doc Severinsen. Esa diversidad estilística se refleja en sus interpretaciones en el estadio, donde no teme incluir jazz, blues, rock clásico, música latina y más.

“Voy a tocar como toco en un club nocturno”, afirma. Esa autenticidad ha sido su sello, alejándolo del cliché del organista clásico de estadio que toca solo piezas de antaño.

Un legado familiar y comunitario

Costello no está solo en su viaje melódico. Su familia ha sido co-protagonista de esta historia. Sus hijos también participaron en las operaciones del estadio y su esposa sigue conectada con la organización. En 2022, Rochester declaró el “Fred Costello Day” y se lanzó un bobblehead con su imagen como homenaje. Además, ha sido incorporado en varios Salones de la Fama locales y una Walk of Fame.

Su legado va más allá de las notas. Es un símbolo de perseverancia, adaptación y amor por la comunidad. Ha acompañado a generaciones de aficionados, presentes en miles de jornadas llenas de strikes, home runs y melodías inolvidables.

Música en peligro de extinción dentro del béisbol

En la actualidad, la figura del organista en los estadios de Grandes Ligas ha sido reemplazada, en muchos casos, por DJs y música grabada. Tan solo quedan unos cuantos organistas fijos en MLB, como el legendario Gary Pressy, quien tocó 2,633 juegos seguidos para los Cubs antes de retirarse.

Costello teme que la tradición muera, aunque en Rochester ese día parece aún lejano. “Mientras pueda mover los dedos, seguiré tocando”, dice decidido.

Aunque cumple 89 años y no planea rendirse, para muchos Fred Costello ya no necesita “hacerse famoso” o llegar a las Grandes. Ya es una leyenda viva, respetada no solo por su longevidad sino por mantener viva una tradición que mezcla deporte, arte y comunidad.

Al estilo de Costello: el arte de no envejecer

En una época donde la inmediatez impera y los sonidos suelen homogenizarse, la labor de Costello se alza como un acto de resistencia cultural. Sus actuaciones en el Frontier Field no son relleno, sino parte esencial de la experiencia del béisbol en Rochester.

Dice que en cada juego interpreta entre siete y nueve canciones distintas, mucho más de lo que suelen tocar los organistas de ligas mayores, gracias a la flexibilidad de las menores. “Puedo estirarme un poco más”, comenta riéndose.

Volver cada año, cada temporada, no es trabajar para Fred. “Disfruto venir al estadio tanto como el primer día en 1977. Somos como una familia”, afirma.

En medio de un mundo que corre deprisa, Fred Costello nos recuerda que hay pasiones que no caducan. Y que la música en el estadio, cuando se toca de corazón, puede ser más poderosa que un jonrón en la novena entrada.

Mientras haya una canción por tocar, un niño por emocionar, y una tarde de verano por animar desde las teclas, Fred Costello seguirá en su trinchera de sonidos, demostrándonos que nunca es tarde para vivir el sueño.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press