El día que redefinió el comercio global: Trump, tarifas y una estrategia llena de riesgos

Una mirada crítica a los aranceles 'recíprocos' de Trump, sus consecuencias para la economía estadounidense y la ruptura con aliados históricos

2 de abril de 2025: ¿Liberación o caos económico?

En uno de los movimientos económicos más audaces —y polémicos— de las últimas décadas, el presidente Donald Trump ha proclamado lo que él mismo ha llamado el "Día de la Liberación". Se trata de la aplicación inmediata de una vasta serie de aranceles recíprocos que afectan tanto a países rivales como a aliados históricos. La administración asegura que estas medidas impulsarán la manufactura nacional, pero críticos advierten sobre el riesgo de una recesión global e inestabilidad política.

Los aranceles anunciados

Trump no escatimó en su enfoque. Entre las medidas implementadas se encuentran:

  • Aranceles del 25% a la importación de automóviles.
  • Gravámenes a productos provenientes de China, Canadá y México.
  • Expansión de tarifas sobre acero y aluminio.
  • Impuestos a países que compran petróleo a Venezuela.
  • Tarifas aplicadas a sectores sensibles como farmacéuticos, madera, cobre y chips informáticos.

La Casa Blanca ha defendido estas decisiones como necesarias para equilibrar años de "injustas prácticas comerciales" en contra de los intereses de EE. UU.

La confianza de la administración Trump

En palabras de la portavoz Karoline Leavitt: "El 2 de abril de 2025 pasará a la historia como uno de los días más importantes de la historia moderna de América". Su mensaje transmite la confianza ciega de la administración en que estas medidas estimularán el empleo industrial, reactivarán la economía local y restaurarán la "edad dorada" de la manufactura estadounidense.

Una apuesta demasiado costosa

Sin embargo, diversos análisis económicos contradicen el optimismo de la Casa Blanca. Según Budget Lab de Yale University, un arancel universal del 20% podría costarle a un hogar estadounidense promedio entre $3,400 y $4,200 anuales adicionales. A esto se suma un crecimiento previsto del PIB al menos un punto porcentual menor, acompañado de aumentos en los precios de alimentos, ropa, vivienda, petróleo, automóviles y seguros.

Peter Navarro, asesor comercial de Trump, ha estimado que los nuevos aranceles generarían $600 mil millones anuales, la mayor subida impositiva desde la Segunda Guerra Mundial. Aún así, ninguno de estos números ha hecho mella en la narrativa oficial.

Resistencia dentro y fuera del país

Los críticos, tanto demócratas como algunos republicanos moderados, han levantado la voz. Chuck Schumer, líder demócrata del Senado, declaró que los aranceles no son más que una fuente de ingresos para justificar futuros recortes fiscales para los ricos: “Todo lo que hacen, incluyendo los aranceles, gira en torno a asegurar mayores recortes impositivos para los millonarios”.

Heather Boushey, ex asesora económica del gobierno de Biden, recordó que en la primera administración de Trump ya se había probado una estrategia arancelaria similar sin resultados tangibles: “No hemos visto el renacimiento manufacturero prometido. Es una estrategia fallida”.

El golpe a las alianzas clave

La implementación de tarifas sin distinción ha generado tensión —y retaliación— internacional. Canadá ha respondido con aranceles propios, parte de los cuales están relacionados con la política de Trump contra el tráfico de fentanilo. La Unión Europea, por otra parte, impuso impuestos a productos estadounidenses por valor de 26 mil millones de euros, incluyendo bourbon, lo que llevó al expresidente a amenazar con un 200% de tarifa al alcohol europeo.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, respondió: “Europa no empezó esta confrontación, pero si se nos obliga, responderemos con firmeza”.

La incertidumbre como constante

Uno de los mayores problemas que ha generado esta política comercial no es solo el costo, sino la incertidumbre. Sin detalles claros, las empresas no pueden planificar a largo plazo. Como lo expresó Ray Sparnaay, gerente de una empresa canadiense de herramientas cerca de Detroit: “La incertidumbre ha aplastado nuestra capacidad de hacer planes. Todo está estancado desde noviembre”.

Lo que está en juego

Las acciones de Trump se están ejecutando sin necesidad de aprobación del Congreso, toda vez que existen canales legales que le permiten aplicar aranceles de manera unilateral. Esto da pie a cuestionamientos sobre el equilibrio de poderes, sobre todo si los efectos negativos se concretan.

El verdadero interrogante ahora es si la administración podrá aguantar su postura en medio de una presión creciente de los consumidores, empresas y naciones aliadas. Con una tasa de desempleo relativamente baja (4.1%), algunos republicanos todavía están dispuestos a jugar la carta de que el cambio, aunque doloroso al inicio, será beneficioso a largo plazo.

“Tal vez sea un comienzo accidentado, pero esto tendrá sentido para todos los estadounidenses”, dijo el presidente de la Cámara, Mike Johnson.

¿Una estrategia global incoherente?

A los aranceles se suma un debilitamiento del papel de EE. UU. en el escenario internacional. Mientras el Secretario de Estado Marco Rubio intenta calmar a los aliados en reuniones con la OTAN en Bruselas, la posición de Trump hacia Rusia y sus constantes ataques verbales a socios como Canadá y Dinamarca crean confusión y tensión.

“Estados Unidos es indispensable para una disuasión creíble”, admitió un alto diplomático de la OTAN. Pero esa credibilidad pende de un hilo cuando las señales desde Washington son contradictorias.

Para los europeos, decidir si aumentar sus presupuestos de defensa a más del 3% del PIB sin garantías tangibles de apoyo estadounidense es una apuesta difícil. ¿Cómo justificar ese gasto si el presidente estadounidense actual sugiere, implícitamente, simpatía hacia Moscú?

La política fiscal: el otro frente de batalla

Paralelamente, el Congreso debate un ambicioso paquete de recortes fiscales propuesto por Trump, cuyo costo podría superar los $4.5 billones en ingresos perdidos para el Estado. Para compensar, la Cámara de Representantes propone recortar $2 billones en programas sociales, lo que amenaza con erosionar aún más los servicios públicos fundamentales como salud y educación.

Mientras el Senado considera que al tratarse de reducciones fiscales que ya son norma “no es necesario pagarlas”, la realidad es que todo ello complicará aún más las finanzas federales, empujando la deuda más allá de los $36 billones actuales.

Los demócratas denuncian el plan como una “estafa fiscal a favor de los ricos”. Y el senador Cory Booker resumió el sentir de su partido: “Lo que están haciendo es invertir en recortes fiscales para los más ricos, a costa de todos los demás”.

¿Qué le espera a EE. UU. y al mundo?

Trump apuesta todo a una narrativa: que nacionalismo económico, proteccionismo aduanal e incentivos fiscales detonen un auge en la manufactura y la economía estadounidense. Pero con una economía interdependiente y aliada a tratados multilaterales, el riesgo de aislamiento e inestabilidad es más real que nunca.

Así, el 2 de abril podría pasar a la historia. Pero no necesariamente como un día de "liberación". Quizá sea recordado como el punto de inflexión en el que Estados Unidos se alejó de sus aliados, desató una guerra comercial global y redefinió su rol como potencia mundial.

Y como toda gran apuesta, el tiempo dirá si fue una jugada maestra... o una receta para el desastre.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press