Un adolescente muerto en prisión: ¿Qué revela el caso Walid Ahmad sobre las cárceles israelíes?

La trágica muerte de un joven palestino detenido sin cargos destapa las condiciones carcelarias extremas y el uso generalizado de la detención administrativa en Israel

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Por: Redacción Mundo

Una muerte que sacude conciencias

El 23 de marzo de 2025, Walid Ahmad, un adolescente palestino de 17 años oriundo de Silwad, en la Cisjordania ocupada, colapsó en el patio de la prisión israelí de Megiddo y murió poco después. Había sido arrestado seis meses antes durante una redada nocturna en su casa familiar, acusado de lanzar piedras contra soldados israelíes. Durante este tiempo, nunca fue formalmente imputado ni juzgado, convirtiéndose así en el primer menor palestino muerto en detención israelí desde el inicio de la guerra en Gaza en octubre de 2023.

La práctica de la detención administrativa

La historia de Walid no es un hecho aislado. Se inscribe en el marco de una política israelí de detención administrativa, un sistema legal altamente controvertido que permite encarcelar a personas indefinidamente, sin presentar cargos y sin juicio, bajo el argumento de que representan un peligro para la seguridad del Estado. Human Rights Watch y B'Tselem, dos organismos internacionales y locales de derechos humanos, han denunciado el uso sistemático de esta práctica, que afecta principalmente a palestinos.

Según cifras del Ministerio de Asuntos de Prisioneros de la Autoridad Palestina, desde el 7 de octubre de 2023, Israel ha detenido a miles de palestinos, en su mayoría sin procesarlos formalmente. Al menos 63 han muerto en custodia desde entonces, una cifra que constituye el 21% del total de palestinos fallecidos tras su encarcelamiento en Israel desde 1967.

¿Qué pasó con Walid Ahmad?

Según declaraciones de su padre, Khalid Ahmad, Walid era un adolescente saludable y deportista, con especial gusto por el fútbol. Sin embargo, fue arrestado sin una orden judicial y mantenido en prisión sin cargos. Su salud se deterioró rápidamente bajo condiciones deplorables en Megiddo, prisión que ya ha estado bajo sospecha de prácticas abusivas.

En febrero de 2025, durante una audiencia virtual, su padre notó su delgadez extrema y supo que su hijo había contraído sarna, una enfermedad cutánea causada por parásitos en condiciones antihigiénicas. Walid, según otros prisioneros y su abogado Firas al-Jabrini, también sufrió de disentería amebiana, una infección intestinal grave causada por agua contaminada y alimentos en mal estado, especialmente peligrosos durante el mes de Ramadán.

La política de “mínimo legal”

El Ministerio de Seguridad Nacional de Israel, actualmente bajo la dirección del político de extrema derecha Itamar Ben-Gvir, ha declarado públicamente que las condiciones penitenciarias de los presos palestinos se han reducido al “mínimo legal requerido por ley”, una política que consideran disuasiva. Esto incluye comidas limitadas, atención médica restringida, hacinamiento y cambios drásticos en el acceso a necesidades básicas.

En Megiddo, celdas diseñadas para seis personas han llegado a albergar al menos 16 prisioneros, muchos durmiendo en el piso. Existen reportes de brotes de escabiosis y otras enfermedades infecciosas. La versión oficial israelí sobre la muerte de Walid se ha mantenido difusa; hasta ahora no se ha revelado una causa médica concluyente.

Impunidad estructural y falta de transparencia

La prisión de Megiddo —nombrada en múltiples informes de Amnistía Internacional y B'Tselem— ha sido escenario de diversas denuncias por golpizas, abusos psicológicos e incluso tortura. Sin embargo, el Servicio Penitenciario de Israel insiste en que todas las muertes bajo custodia son investigadas. No obstante, activistas denuncian que estos procesos rara vez derivan en sanciones a los responsables.

"La administración carcelaria no atendió los pedidos urgentes de atención médica de los presos cuando Walid se desplomó y golpeó la cabeza con una barra metálica", explicó Thaer Shriteh, portavoz de la Comisión Palestina de Detenidos. Las autoridades israelíes aceptaron realizar una autopsia, pero no se ha fijado una fecha.

El uso sistemático del encierro como arma política

Expertos en derecho internacional han comparado algunas de estas prácticas con detenciones arbitrarias, terminología contemplada por organismos como la ONU para acciones fuera de proceso legal que ponen en grave riesgo derechos fundamentales.

“Israel ha hecho del sistema penitenciario una herramienta más de control poblacional y opresión sistemática”, analiza Michael Lynk, exrelator especial de la ONU para los derechos humanos en los territorios palestinos. “La detención sin juicio de menores, como Walid, no puede sostenerse en ninguna democracia funcional”.

¿Qué dice la ley internacional?

De acuerdo con la Convención sobre los Derechos del Niño adoptada por las Naciones Unidas —de la cual Israel es firmante— la detención de menores debe ser considerada como “último recurso y durante el período más breve posible”. La muerte de Walid Ahmad contradice profundamente estos principios.

La Cuarta Convención de Ginebra también establece que las potencias ocupantes tienen la obligación de garantizar condiciones humanas para las personas detenidas o encarceladas en territorios ocupados. A nivel nacional, Israel se acoge a leyes de emergencia que datan del Mandato Británico, utilizadas con frecuencia para justificar detenciones sin juicio.

“No te preocupes por mí”

Estas fueron las últimas palabras que Walid le dijo a su padre durante una videollamada en febrero. Cuatro días antes de su muerte, otro recluso —compañero de fútbol de Walid y ahora liberado— aseguró que, aunque visiblemente deteriorado, el joven mantenía una actitud serena. Esas palabras resuenan como una acusación silenciosa hacia todo un sistema que no garantizó ni su integridad física ni su derecho a un proceso justo.

La dimensión colectiva

El caso de Walid ha impactado profundamente en la opinión pública palestina. Para muchos, personifica una larga historia de injusticia y represión. Según datos oficiales, Israel retiene aún los cuerpos de 72 palestinos que murieron bajo su custodia, sin devolverlos a sus familias, una práctica denunciada por diversos organismos como parte de un castigo colectivo.

“Nos sentimos igual que todos los padres de prisioneros palestinos”, dijo Khalid Ahmad, padre de Walid. “Solo podemos decir: Inna lillahi wa inna ilayhi raji'un [En verdad, pertenecemos a Alá y a Él retornamos]”.

Una urgencia humanitaria

Más allá de este caso trágico y simbólico, el sistema penitenciario israelí enfrenta cuestionamientos también en tribunales internacionales. Organizaciones como la Corte Penal Internacional han comenzado investigaciones preliminares sobre presuntos crímenes de guerra, incluyendo tratos inhumanos a prisioneros.

Para quienes claman justicia por Walid, será crucial mantener el escrutinio global y la presión diplomática para que se respeten los estándares mínimos del derecho internacional humanitario.

La muerte de un joven que aún no había terminado la secundaria en una prisión donde entró sin juicio ni defensa jurídica plantea una pregunta inquietante para el mundo: ¿Qué valor tiene la vida de un adolescente palestino bajo ocupación?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press