La conquista privada del espacio sobre los polos: una nueva era para el turismo espacial
Chun Wang y su tripulación marcan un hito al convertirse en los primeros civiles en sobrevolar los polos en un vuelo espacial financiado por un inversionista privado
Una trayectoria inédita en 64 años de vuelos espaciales
El pasado lunes por la noche, la historia de la exploración espacial sumó un nuevo capítulo. Desde el Centro Espacial Kennedy de la NASA en Florida, un cohete Falcon de SpaceX despegó llevando por primera vez a seres humanos en una trayectoria que atravesó los polos Norte y Sur. Esta hazaña, jamás realizada hasta ahora durante seis décadas de vuelos espaciales, fue financiada por Chun Wang, un emprendedor nacido en China y actualmente ciudadano de Malta, quien decidió llevar a cabo el que sería su milésimo vuelo en una cápsula espacial especialmente adaptada para turismo orbital.
Se trata de la primera misión turística en alcanzar latitudes superiores a los 65 grados norte y sur, bordeando los círculos polares Ártico y Antártico y rompiendo así la marca establecida en los años 60 por los pioneros soviéticos Yuri Gagarin y Valentina Tereshkova.
¿Quién es Chun Wang y por qué decidió volar en órbita polar?
Chun Wang no es un nombre conocido por el gran público, pero en los círculos de innovación y criptomonedas es un actor influyente. Inversionista en tecnología y bitcoin, Wang ha acumulado una fortuna que le permitió concretar este ambicioso sueño: "empujar los límites y compartir conocimiento", según declaró antes del lanzamiento.
Además del deseo de experimentar la vista polar desde el espacio, Wang tiene como misión fomentar una mayor concientización sobre el cambio climático. Es por esto que le dio especial simbolismo al nombre elegido para la misión: Fram2, en honor a la mítica embarcación noruega de investigación polar utilizada por Fridtjof Nansen y Roald Amundsen.
Una tripulación internacional con un objetivo común
Acompañaron a Wang tres figuras ligadas directamente al conocimiento polar y la tecnología de vanguardia:
- Jannicke Mikkelsen (Noruega): cineasta y la primera noruega en llegar al espacio. Ya había sobrevolado ambos polos como parte de una misión conmemorativa en 2019.
- Rabea Rogge (Alemania): investigadora en robótica, interesada en desarrollar tecnologías aplicables al entorno espacial y polar.
- Eric Philips (Australia): guía polar experto, con numerosas expediciones a la Antártida en su haber.
El carácter científico de la misión resalta aún más con el hecho de que realizarán 24 experimentos durante su viaje de 3 días y medio, incluyendo lo que serán las primeras radiografías humanas en el espacio, un paso importante en la medicina espacial.
La cápsula automatizada y el confort en gravedad cero
Una de las claves para que misiones como esta puedan repetirse en el futuro es la automatización de las cápsulas Dragon de SpaceX. La nave despegó hacia una altura objetivo de 440 kilómetros y recorre un circuito completo alrededor del planeta cada 90 minutos. Esto implica que pasan por los polos cada 46 minutos, lo que les permite observar los cambios climáticos desde una perspectiva sin precedentes.
Además de los experimentos, la tripulación lleva cámaras de última generación para documentar la travesía. Según SpaceX, uno de los objetivos es inspirar a las futuras generaciones mostrando la belleza y vulnerabilidad de nuestro planeta desde la órbita polar.
Un vuelo con historia: del Fram al futuro orbital
Uno de los aspectos más simbólicos del viaje fue el objeto que sinceramente conecta pasado y futuro: una pequeña pieza de la cubierta de madera original del barco Fram, prestada por el Museo Fram en Oslo. Dicha tabla fue firmada por Oscar Wisting, compañero de Amundsen en ambas conquistas polares de principios del siglo XX.
Geir Klover, director del museo, expresó su esperanza de que esta misión reavive el interés global por la preservación de los polos y sus ecosistemas ante el avance del deshielo polar. Según datos del Observatorio del Cambio Climático de la NASA, la Antártida pierde alrededor de 150 mil millones de toneladas métricas de hielo por año, y el Ártico al menos 270 mil millones.
El turismo espacial: ¿realmente accesible para "personas normales"?
La idea de Wang no es sólo conquistar el espacio por placer personal, sino demostrar que los viajes orbitales pronto podrían convertirse en una actividad accesible para quienes no pertenezcan al ámbito aeroespacial. En palabras de Kiko Dontchev, ingeniero de SpaceX:
“Estamos ajustando nuestro entrenamiento constantemente, de tal forma que personas normales puedan subirse a una cápsula... y estar tranquilas.”
Esto forma parte de la estrategia de SpaceX, que ya ha realizado vuelos espontáneos con Jared Isaacman, otro millonario estadounidense. Wang quiso dar un paso más al proponer esta órbita única con un propósito de exploración científica y medioambiental.
Polar orbit: la vía olvidada del turismo comercial
Hasta ahora, muchas misiones espaciales tripuladas se han contenido dentro de órbitas ecuatoriales o de tendencia baja inclinación geográfica. Sin embargo, las órbitas polares son prioritarias para aplicaciones como:
- Satélites meteorológicos (como los JPSS en Estados Unidos)
- Observación de desastres naturales
- Vigilancia de deshielos y cobertura de nieve
- Satélites de defensa o espionaje
La ventaja es que un satélite (o cápsula) en órbita polar puede cubrir toda la superficie terrestre a medida que la Tierra rota, algo que no ocurre con otros tipos de órbitas.
Lo que viene: ¿más vuelos de este tipo?
Este vuelo pionero redefine las posibilidades del turismo espacial. Aunque SpaceX y Blue Origin se habían comenzado a disputar el mercado suborbital con vuelos de pocos minutos, Wang ha abierto una puerta nueva mucho más ambiciosa: la integración entre turismo, ciencia y activismo medioambiental.
En palabras del propio Wang antes del lanzamiento:
"El vuelo espacial se está volviendo cada vez más rutinario y, honestamente, me alegra ver que esto ocurre".
Quizás el futuro nos depare colonias lunares o visitas comerciales a Marte. Pero por ahora, surcar nuestros propios polos —la última frontera de la Tierra— desde el espacio, marca sin duda el principio de una nueva era de exploración humana y conciencia planetaria.