El lado oscuro de la televisión japonesa: el caso Masahiro Nakai y la cultura tóxica en Fuji TV

Una investigación externa revela una preocupante falta de ética, encubrimiento y normalización del abuso en uno de los canales más influyentes de Japón

La industria del entretenimiento en Japón ha sido durante décadas un pilar de la cultura pop global, destacando por su meticulosa estética, organización rígida y estrellas que alcanzan niveles casi divinos de fama. Sin embargo, detrás del brillo y la coreografía perfectamente ensayada, se esconde una cara oscura que ha comenzado a salir a la luz en los últimos años. Uno de los más recientes y escandalosos ejemplos es el caso que involucra al exlíder de la banda SMAP, Masahiro Nakai, y a la cadena televisiva Fuji TV.

Una acusación que sacudió los cimientos de la televisión japonesa

En diciembre de 2023 surgieron acusaciones de agresión sexual contra Masahiro Nakai, una de las figuras más conocidas del panorama televisivo nipón y miembro fundador de SMAP, una de las boy bands más influyentes de Asia. El caso, lejos de resolverse con transparencia, estuvo marcado por una serie de decisiones institucionales cuestionables que ahora están saliendo a la luz gracias a un informe independiente.

¿Qué reveló el informe sobre Fuji TV?

Una investigación liderada por un panel de abogados determinó que Fuji TV actuó con negligencia al no brindar el apoyo necesario a una empleada que denunció haber sido agredida. Según el informe, tras su denuncia, la empresa no informó al departamento de cumplimiento (compliance), a pesar de que la mujer consultó con supervisores e incluso con dos médicos que evaluaron su estado psicológico.

Además, el estudio reveló que la cultura corporativa de la cadena incluye la práctica sistémica de enviar a mujeres jóvenes a entretener a clientes y celebridades masculinas. Esta dinámica, profundamente arraigada, fue fundamental para perpetuar el silencio y la inacción por parte de la directiva de la cadena.

La respuesta de la cadena: dimisiones y disculpas vacías

En enero de 2024, el entonces presidente de Fuji TV, Koichi Minato, presentó su renuncia, acompañado de una disculpa pública. Sin embargo, su declaración causó aún más indignación al afirmar que se priorizó la "confidencialidad y condiciones mentales de la mujer". El informe independiente contradice esa versión, señalando que Fuji TV permitió que Nakai continuara apareciendo en sus shows, revictimizando a la denunciante.

“Fue una decisión equivocada y desconsiderada que solo añadió a su sufrimiento”, declaró Akira Takeuchi, abogado principal del equipo investigador.

Una cultura corporativa plagada de acoso

Los hallazgos del informe son aún más alarmantes al revelar, mediante encuestas internas, la existencia "rampante" de acoso sexual generalizado dentro de la empresa. Esto incluye testimonios de múltiples empleados que han sido testigos o víctimas de conductas inapropiadas no sancionadas.

Japón, en general, tiene una historia compleja y problemática con respecto a las cuestiones de género, acoso sexual y derechos laborales en la industria del entretenimiento. La cultura del silencio y la lealtad ciega a figuras de autoridad ha sido un obstáculo para que las víctimas hablen.

El caso de Johnny Kitagawa: un antecedente que todavía duele

Las similitudes con otros escándalos anteriores son inevitables. En 2019 comenzaron a resurgir múltiples denuncias de abuso sexual por parte de Johnny Kitagawa, fundador del imperio de talentos Johnny & Associates, donde debutó SMAP. Kitagawa, fallecido en 2019, había sido acusado en múltiples ocasiones desde los años 90, pero siempre fue protegido por su influencia y conexiones mediáticas.

En 2023, una investigación independiente confirmó que cientos de niños y jóvenes fueron victimizados durante décadas, y que muchas agencias, medios e incluso autoridades gubernamentales miraron hacia otro lado.

¿Cambio real o lavado de imagen?

La publicación de este informe sobre Fuji TV podría representar un punto de inflexión. Sin embargo, críticos y activistas temen que se trate solo de una maniobra de lavado de imagen organizacional. Mientras las dimisiones públicas y los comunicados sugieren un intento de corrección, las estructuras de poder y cultura patriarcal siguen en pie.

De hecho, el informe no recomienda ninguna acción legal directa contra los responsables del encubrimiento, y no hay detalles específicos sobre reformas internas estructurales más allá de la creación de un nuevo "comité de ética" dentro del canal.

La víctima: el eslabón olvidado en la narrativa

Más allá de las dimisiones y declaraciones formales, la situación emocional y profesional de la víctima ha sido prácticamente ignorada en los medios japoneses. La visibilidad del caso ha provocado un revuelo mediático en redes sociales, pero también ha puesto a la mujer en el foco de duras críticas y acoso virtual.

Este patrón no es accidental. En Japón, las mujeres que denuncian agresiones sexuales a menudo son sometidas a un scrutinio desgastante, desde ser acusadas de querer "arruinar carreras" hasta insinuaciones de buscar fama.

¿Qué quieren las víctimas? Justicia y reparación

Colectivos feministas como Colabo y Women's Action Network señalan que la prioridad debe ser garantizar justicia auténtica, apoyo psicológico, y medidas efectivas para prevenir estos hechos. Un cambio de cultura corporativa no se logra únicamente con informes o renuncias, sino con políticas, transparencia y voluntad real de transformación.

Falta de legislación contundente

Uno de los grandes obstáculos para enfrentar estos problemas en Japón es la debilidad de sus leyes relacionadas con la violencia sexual en el ámbito laboral. Aunque existen algunas normativas, su aplicación es mínima y las denuncias rara vez llegan a un juicio justo. Según datos del Oficina de Igualdad de Género del Gobierno Japonés, menos del 5% de los casos de acoso sexual laboral llegan a procesos judiciales.

La comunidad internacional alza la voz

Organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch y la ONG japonesa Spring, que trabaja con sobrevivientes de abuso sexual, han presionado por una intervención más agresiva del gobierno y reformas legales. El caso de Fuji TV se ha convertido en un emblema del tipo de encubrimientos estructurales que continúa afectando profundamente a mujeres en el mundo del espectáculo.

¿Es posible un "Me Too" japonés?

El movimiento #MeToo ha tenido impacto en muchas partes del mundo, pero en Japón avanza a paso lento, obstaculizado por factores culturales como la noción de "mantener la armonía social" y evitar la confrontación directa. No obstante, casos como este y el de Johnny Kitagawa podrían marcar el comienzo de un proceso más amplio de empoderamiento y denuncia.

Celebridades como la periodista Shiori Itō, quien en 2017 denunció a un poderoso periodista por violación, han abierto camino en medio de un entorno hostil. Su caso terminó en una victoria legal histórica, pero le costó un alto precio personal en términos de acoso y represalias.

Un sistema que necesita una reconstrucción

Este escándalo no debería quedar como un capítulo aislado, sino transformarse en un punto de inflexión para que medios, empresas y gobierno japoneses construyan un sistema más justo y transparente. La industria del entretenimiento necesita urgentemente repensar sus estructuras de poder y su cultura de impunidad hacia figuras de alto perfil.

No solo se trata de justicia para una víctima. Se trata de enviar una señal clara a todas las mujeres —y hombres— en Japón que hayan sufrido abusos similares: no están solos, y su voz importa.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press