Bob Uecker: La voz inmortal del béisbol en Milwaukee
Los fanáticos de los Brewers rinden un sentido homenaje a la leyenda de la radio, mientras la ciudad recuerda a su querido 'Mr. Baseball'
Milwaukee no será la misma sin Bob Uecker. La ciudad entera se volcó en emociones durante el Opening Day 2025, el primero en más de medio siglo sin la voz inconfundible que narró las hazañas de los Brewers desde el dogout, la cabina y hasta el corazón de sus seguidores. Uecker falleció el pasado 16 de enero a los 90 años, dejando un legado que trasciende el béisbol.
La jornada frente a los Kansas City Royals no fue solo el arranque de una nueva temporada, sino una muestra de respeto, cariño y gratitud hacia “Ueck”, quien transmitió los juegos de los Milwaukee Brewers durante 54 temporadas. Sí, más de medio siglo, siendo la voz de la infancia de generaciones enteras.
Un homenaje cargado de símbolos
Antes del primer lanzamiento, el estadio American Family Field guardó un minuto de silencio en su honor. Pero hubo un homenaje que rompió el silencio e hizo eco en todo el parque: “¡Te amamos, Ueck!”, gritó un fanático. Y con razón. Bob Uecker no solo era un narrador, era la voz de Milwaukee, la figura más reconocida del equipo incluso por encima de sus máximas estrellas.
El dueño del equipo, Mark Attanasio, se puso un blazer a cuadros, en imitación al estilo que Uecker solía usar. "Hice mi mejor intento de encontrar una chaqueta que él usaría", confesó Attanasio. El cariño también se plasmó en el césped con la firma de Uecker delineada a lo largo del campo exterior. Los jugadores portaron parches conmemorativos en sus mangas, que llevarán durante toda la temporada.
Desde las estatuas decoradas hasta los mensajes de admiradores, todo el estadio respiraba Uecker. Un gran toldo azul en una sección alta del jardín derecho, donde no se venden entradas, portaba su famosa frase: “¡I must be in the front row!” ("¡Debo estar en la primera fila!").
El impacto más allá del béisbol
El tributo continuó en la ciudad. En Kopp's, famoso local de hamburguesas y natillas congeladas, se creó el sabor especial “Mr. Baseball”: una mezcla de cacahuetes cubiertos de chocolate, frutos secos y un toque de Miller Lite, la cerveza favorita de Uecker. El 20% de las ventas se destinó a la fundación Make-A-Wish, en honor al promedio de bateo de carrera de Uecker: .200.
“Uecker fue la voz de nuestros veranos infantiles”, dijo David Horton, de Fitchburg, Wisconsin, mientras colocaba una lata de cerveza al pie de una estatua de Uecker fuera del estadio. Esta práctica ya se había vuelto tradición desde la noticia de su fallecimiento. Tal fue la cantidad de latas que, ante el frío, muchas comenzaron a explotar. “Dijeron que las latas empezaron a estallar, y pensaron que era Uecker porque tenía sed y se preparaba para el Opening Day”, bromeó Paul Stainbrook de Racine.
Más que un locutor: una estrella polifacética
Hablar de Bob Uecker es hablar de una figura que trascendió el ámbito radial. Apareció en anuncios de Miller Lite, actuó en la serie de televisión “Mr. Belvedere” y brilló en las películas de la saga “Major League”, donde interpretó al comentarista Harry Doyle. Su carisma era tal que conquistó también a Johnny Carson, siendo invitado recurrente en su famoso programa nocturno.
Pero Uecker siempre regresaba a casa. A Milwaukee. A la cabina del estadio. Su rol en la comunidad no solo fue el de una celebridad, sino el de un amigo, un mentor y un símbolo de permanencia. En una época donde las estrellas van y vienen, él se mantuvo firme, narrando cada temporada con la misma energía que lo caracterizaba desde 1971.
Querido por generaciones de jugadores
Bob no solo era amado por los fanáticos, también por los jugadores. Solía frecuentar el vestuario previo a los partidos para compartir risas, anécdotas y consejos. El año pasado, en plena celebración del título divisional de los Brewers, el manager Pat Murphy pidió una pausa para rendir homenaje a Uecker con aplausos.
Cuando la temporada terminó con una dolorosa eliminación en la Serie de Comodines de la NL, Uecker fue el primero en consolar a jugadores como Devin Williams, quien había dejado escapar la ventaja en la novena entrada. Él sabía cómo poner todo en perspectiva. “Tenía una manera hermosa de ver las cosas”, explicó Murphy. “Sabía cómo calmarte. Podía bromear al respecto. Era sabiduría pura.”
Una figura irreemplazable, aún presente
Hasta su último aliento, Bob luchó contra el cáncer de pulmón de células pequeñas, manteniéndose lo suficientemente fuerte para seguir en la cabina durante los juegos en casa. Jamás dejó su puesto. Su amor por el béisbol, por su ciudad y sus fanáticos era más fuerte que cualquier diagnóstico.
Christian Yelich, uno de los protagonistas actuales del equipo y también presente en los festejos, expresó conmovido: “Está con nosotros esta temporada y lo seguirá estando por muchas más”.
Esa conexión emocional quedó clara en los cientos de notas escritas por fanáticos que colgaban de un enorme cartel que decía: “We’ll Miss You, Bob”. Era una muestra del profundo agradecimiento que Milwaukee siente por alguien que jamás cambió, que nunca abandonó a su gente.
Para Heather Floyd-Gabrysiak, fanática de West Allis que asistió al juego con una camiseta con el apellido de Uecker en la espalda, la presencia del legendario narrador es permanente. “Siempre va a estar aquí. Aunque ya no esté físicamente, aún puedes sentirlo. Siempre será parte de esto.”
El legado que vive en cada juego
Más allá de estadísticas y narraciones, Bob Uecker representa un tipo de figura que escasea: aquél que se entrega por completo a su comunidad. Y Milwaukee se lo devuelve con amor eterno. Cada transmisión, cada celebración, cada derrota y cada cerveza levantada en su nombre, será un eco del legado de “Mr. Baseball.”
Uecker, oriundo de Milwaukee, se convirtió en símbolo de constancia, humor y autenticidad. Desde sus comienzos humildes como jugador con promedio modesto hasta convertirse en una figura nacional de entretenimiento, su vida fue una lección de humildad y cariño por el juego.
Como dijo una vez en tono humorístico: "Nunca me preocupó tener un bajo promedio de bateo... lo compensaba con personalidad". Y vaya que lo hizo.