Deontay Wilder dice estar rejuvenecido para enfrentar a Fury

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Deontay Wilder dice estar rejuvenecido para enfrentar a Fury
El púgil británico Tyson Fury, izquierda de pie, y el estadounidense Deontay Wilder, sentado a la derecha, participan en una conferencia de prensa el miércoles 6 de octubre de 2021 antes de su pelea del sábado por el título de los pesos completos en Las Vegas. (Erik Verduzco/Las Vegas Review-Journal vía AP)

Los campeones mundiales de boxeo reaccionan a las primeras derrotas en sus carreras con todo tipo de dramatismo en un intento desesperado por explicarlas, una vez vulnerada su armadura mental de invencibilidad.

Algunos despiden a sus entrenadores de mucho tiempo; otros presentan excusas increíbles y descabelladas, y casi todos insisten en que su derrota fue un revés injusto, inmerecido, que solucionarán de inmediato.

El estadounidense Deontay Wilder hizo precisamente esas tres cosas durante días, semanas y meses después de que el británico Tyson Fury le propinó una paliza en febrero de 2020.

El exmonarca de peso completo del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) claramente tuvo dificultades para procesar su primer descalabro desde los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, y ha respondido con extremos en su carrera y reputación para sobreponese. Wilder (42-1,-2, 41 nocáuts) también hizo efectiva la cláusula de revancha en su contrato y volverá a enfrentar a Fury en Las Vegas —el sábado en la noche— para completar una memorable trilogía largamente esperada.

“Ustedes están viendo a un Deontay Wilder rejuvenecido y reinventado”, afirmó en fecha reciente. “El Deontay viejo ya no está aquí. No puedo explicárselos, debo mostrárselos”.

El hombre que contribuyó a transformar a Wilder de un aspirante a basquetbolista en un púgil maduro y a la larga en un campeón de los pesados ya tampoco está aquí: Wilder despidió al entrenador Mark Breland, que arrojó la toalla cuando su pupilo era arrollado por Fury.

Wilder atribuyó su actuación a una letanía de factores fantásticos: Breland puso un relajante muscular en su botella de agua; Fury utilizó guantes ilegales, e incluso el eventual perdedor acusó fatiga en sus piernas por cargar la elaborada vestimenta que lució en su paseo por el ring. También acusó al referee Kenny Bayless, que es abstemio, de estar borracho.

Esto parece ridículo a todos salvo a Wilder y sus fanáticos más devotos, aunque enfrentar las derrotas es una parte dolorosa en el trabajo de cualquier púgil.

Lo más importante es si Wilder encontró cómo mejorar respecto del boxeador que fue superado tácticamente por Fury. Ese Wilder fue incapaz físicamente de sobreponerse en la mayoría de los asaltos de las primeras dos peleas entre ambos.

Fury (30-0-1, 21 nocáuts) es ahora el campeón que luce seguro.

En su última conferencia de prensa, el miércoles antes del combate, los promotores no permitieron que Wilder y Fury posaran viéndose las caras por temor a se trenzaran en una riña.

“La pelea del sábado en la noche va a ser distinta”, declaró Wilder. “No son frecuentes las trilogías como esta, y creo en verdad que ésta va a quedar asentada en la historia”.

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