El día que el fútbol se convirtió en protesta

El día que el fútbol se convirtió en protesta
AP

Histórico, la selección Vinotinto sub 20 llega por primera vez a una final del mundial, pero para los venezolanos   era mucho más que un partido de fútbol, era el símbolo de la paz que se presentaba ante el mundo. Los jugadores Vinotintos venían de un país en guerra, manchado de sangre y con un gobierno rojo que ha secuestrado un país por más de 18 años.

En los últimos meses el campo de batalla de Venezuela se llenaba de caídos, muchos de ellos jóvenes y por supuesto fanáticos del fútbol, chicos de 17 años que no pudieron ver la final, que una bala les negó la posibilidad de contemplar la historia.  Los soldados del pueblo se habían convertido en los asesinos del estado, ellos hablaban de paz, pero con sus gases ahogaban a todo un país. Dudamel, el técnico de la selección de Venezuela, en la victoria contra Uruguay, en una mezcla de emociones, le pidió al gobierno bajar las armas.

A las 6 AM de aquel Domingo, empezó el juego, aquellos guerreros estaban dispuesto a llevarse la copa, pero los ingleses fueron más fríos y lograron vencer la pasión Vinotinto. Nuestros muchachos lloraron, Peñaranda terminó lesionado y con la moral baja después de haber fallado un penal decisivo. Los Vinotintos estaban cegados, no podían ver el milagro que estaban causando, a las 6 AM de la mañana aquel país  en guerra tuvo un segundo de paz.

El tirano de Nicolás Maduro quería aprovecharse de la travesía Vinotinto para volver a mostrar su sonrisa falsa, pero ellos sabios de pueblo, lo prohibieron. El fútbol dejó de ser un espectáculo y se convirtió en protesta, una protesta de fiesta. Los muchachos Vinotinto se fueron al estadio universitario y allí con los venezolanos que luchan cada día en las calles, celebraron su hazaña, se rebelaron contra el estado  que siempre quiere hacer de todos una malgastada propaganda política.

Es cierto no quedamos campeones, pero ganamos mucho más, nuestro pueblo alzó las manos, se llenó de gloría y no olvidamos que todavía nos queda un país que rescatar. El fútbol se sumó a la protesta, el fútbol dijo que no, el fútbol dijo paz y ese fue el gol que gritamos todos, mientras el presidente y los suyos se quedan solos, en un estadio que no tiene fanáticos, que no tiene gloria, que no tiene pasión.

Aquella mañana un pueblo le ganó por goleada al fantasma desgastado de la revolución.

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